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jueves, 8 de septiembre de 2011

Mi eriza DEMOCRACIA





Ahí va la fotillo de mi eriza DEMOCRACIA (Democracia por lo espinosa) para el que todavía no la conozca. Estos días me ha dado por pensar en ella. DEMOCRACIA es una eriza tierna y esquiva, siempre te ofrece sus espinas como recibimiento hasta que, al poco, comienza a olfatearte saliendo paulatinamente de su ericismo para al final tocarte con su naricilla siempre húmeda.

Me encantaría que fuese más sociable, pero no deja de ser un roedor. Para colmo, DEMO es nocturna, y yo dejé de ser nocturno (no me sentaba nada bien a la piel) más o menos en la época que cumplí los treinta años (o sea, hace nada). Recaer en la nocturnidad sería tan alevoso y tan malo para mi que prefiero darle el coñazo durante el día, despertarla, soltarle algún escarabajo (le pierden) que ella se apresura a devorar, o jugar con ella a SONIC (de Sega) en cuanto se relaja y echa patrás las espinas.

Pero claro, yo siempre espero un poco más de ella. Esperar más de las personas queda mal, todo el mundo te lo recrimina y te hacen sentir como un idiota manipulador. Así que yo doy rienda suelta con los animales, aunque luego acabe decepcionándome. Lo mismo me pasaba cuando de pequeño adoptaba un muñeco relleno de alpiste con la esperanza de que si lo quería, si llegaba a quererlo mucho mucho, el Piolín de trapo se convertiría en un Piolín de carne y hueso (qué miedo).

DEMO pertenece a un tipo de erizo domesticado (no al autóctono de la península) que viene de Marruecos y es más dócil, más pequeño y menos arisco a pesar de su espinosa e ineludible naturaleza. A veces pienso que si las personas tuviésemos las espinas ahí, agarradas a la piel, si las espinas fuesen un elemento físico que pudiésemos sacar por derecho propio, nos ahorraríamos bastantes neurosis, todos esos comportamientos esquizoides que derivan de la maldición de tener la coraza de espinas interiorizadas en el alma, metidas por dentro en la carne. Pero bueno, este no es el tema.

Al igual que cuando era pequeño, ahora con argumentos quizás algo más realistas que aquellos que pretendían dar vida a un muñeco inanimado, tengo la secreta intención de que DEMOCRACIA llegue con el tiempo a ser tan dócil y cariñosa como mi perrita OFELIA. ¿Por qué no? 

Averiguando a lomos del google, revisando la historia de los canes, me entero que la domesticación de los lobos debió acontecer hace unos diez mil años. La cosa, resumiendo mucho, sucedió más o menso de esta manera. Nos encontramos ante la típica hoguera del hombre primitivo que sobrevivió a las glaciaciones. Algunos de estos lobos, todavía salvajes, rondan el fuego vigilando a ese grupo de homínidos que celebran la cacería con un fantástico banquete. Los lobos más dóciles se agolpan a pocos metros de ellos. La selección natural de la especie comenzaba así a favorecer a los lobos menos agresivos, a aquellos que vencían el miedo y se atrevían a retozar cerca de la gente. Puede que incluso hubiesen ayudado a los hombres a pastorear los venados que en aquellos momentos se asaban en el festín. 
Una de las personas congregadas arroja entonces un hueso con restos de carne a uno de esos simpáticos animales, sin saber que de esta forma sellará un pacto que perdurará diez mil años más tarde.

Supongo que fue un proceso lento de adaptación, de supervivencia de los canes más dóciles y cariñosos que luego se cruzarían a voluntad del hombre con el fin de obtener cientos de razas específicas. Pero tampoco dudo de que en todo este largo proceso de domesticación y acercamiento al ser humano, halla habido algún individuo lobuno en particular muy adelantado a su época que, desde el principio, entendiese las órdenes de su amos, supiese dar la pata y defendiese los rebaños de posibles invasores, sintiese una devoción innata por su dueño, esa lealtad a prueba de bomba marca de la casa. Un individuo que diese lugar a leyendas y cuya historia sobreviviese a las generaciones.

Y yo digo: ¿por qué mi eriza no?

He de suponer (difícil) que si a partir de ahora se estableciera un profundo vínculo de necesidad entre los erizos y los hombres, vaya usted a saber por qué extraña razón, dentro de diez mil años los erizos serían para las personas lo que hoy son los perros. 
Me encanta la idea de que DEMO pueda saltarse millones de años de condicionamiento erizo, despierte su consciencia (sí, señores, los perros tienen consciencia), evolucione en pocos meses y concluya su periplo iniciático cuando, dentro de un año, le de por atender a su nombre, vigile mi sueño (ella que es nocturna), se enfrente con sus espinas a cualquiera que quiera invadir mi propiedad o desarrolle cualquier otra cualidad impredecible inherente a su genética como, por ejemplo, la capacidad de absorber las ondas nocivas de mi ordenador, esa cualidad que dicen que tienen los cactus.

Por si acaso, por lo que pueda pasar, yo me siento en la mesa a comer, sin hoguera ni nada, y la dejo que pulule por la superficie, a ver qué hace, a ver si se me arrima. He desistido a la idea de comer saltamontes o escarabajos para (como con los lobos) poder arrojarle a ella parte de mi festín con el único propósito de estrechar lazos, qué quieres que te diga, por eso sí que no paso.

DEMOCRACIA se detiene y me mira de reojo. DEMO y yo mantenemos una relación de reojo, un tipo de amistad sobre la que tengo varias teorías, y que ya desarrollaré en otro blog. 

Me mira de reojo y parece que repara por primera vez en mi. 

Yo me pongo nervioso, consciente de que puede que en este momento esté sucediendo sobre mi mesa un salto exponencial cuantitativo en la evolución de dos especies tan lejanas como el hombre y el erizo.

Qué nervios. No sé qué hacer. 

DEMOCRACIA entonces me mira y por un momento tengo miedo de que esté esperando a que yo de el siguiente paso, como si el que tuviese que evolucionar fuera yo y no ella.


1 comentario:

  1. Estoy totalmente de acuerdo en lo que dices. Lo comprendo y lo comparto en su totalidad. Qué bien lo expresas.

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