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lunes, 16 de mayo de 2011

ME VOY PAL CAMPO (5)

Me gusta es sol. Por eso no me gusta el verano. ¿Y eso, me dirás? Pues eso, que en invierno doblas una esquina y ahí está, de repente, el sol. Te detienes, lo absorbes por cada poro de la piel. Ahí está el sol. En verano, en cambio, todo es sol, que es lo mismo que decir que el sol no existe. Pregúntale a un pez si le gusta el agua y te dirá: ¿el agua? ¿Qué es el agua? Y supongo que hasta que no sale de ella no descubre que el agua está ahí.

He pasado el fin de semana en Madrid. Mi alma se haya ahora dividida entre la ciudad y el mundo real, o sea, lo que no es ciudad. Llego cargado de bolsas, de perras, de mochilas y busco cobijo en casa de mi hermana. Mi sobrino es capaz de estudiar, ver una serie y escuchar música a la vez. Por lo visto son estas nuevas generaciones telescópicas que están a todo al mismo tiempo, porque también se entera de lo que hablamos y hasta podría decir que, en cierta forma, hay una parte de él que permanece en calma observando, como testigo, al más puro estilo zen.

En la Gran Vía han puesto un semáforo en el paso de cebra (al parecer) más grande del mundo que te cuenta los segundos que te faltan para cruzar o esperar. Los juguetes para neuróticos están a la orden del día, y no puedes evitar quedarte con la boca abierta contando como un estúpido los segundos, por lo que ya no hay edificio de la telefónica, ni ligas con los peatones (qué raro queda eso, ligarse a un peatón) ni ná de ná

De todo lo que oigo en la ciudad, el verbo "necesitar" parece ser el top que está en boca de todos. Necesito esto, necesito aquello. Me quedo pensando en que lo que de verdad necesita la gente es necesitar. ¿Por qué será? Como siempre que me quedo pensando algo, no encuentro ninguna respuesta, el mecanismo de la mente da hasta un punto y sanseacabó, a partir de ahí la pescadilla se muerde la cola, y la principal pregunta no es la que te hacías sino: ¿por qué te la estás haciendo?

Hay que ver lo que deslumbra la Gran Vía a cierta hora de la tarde. Es lo único que me lleva a pensar que está mal hecha. Solo ves figuras sin rostro, siluetas frente de ti al caminar en dirección Plaza de España. No debe haber en el mundo lugar que el sol deslumbre más, parece hecho a posta.

Por la tarde acudo a la manifa para protestar contra los putos banqueros y los políticos acompañado de mi querido Miguel Angel Lopez  (con z de Zero). Nos encontramos con Ruth Toledano, con su marido y con Poca, la perrita chiguagua que tiembla, tiembla, y Ruth dice que tiembla por los recortes. La mani la convoca la organización JÓVENES SIN FUTURO, y a nosotros nos da cierto rollo estar allí entre tanto joven, aunque, decimos, nos vemos más como las Viejas sin futuro.
Miguel Angel twitea todo lo que va sucediendo en directo, y yo me pregunto cómo puede estar retransmitiendo con sus twitters algo que no está viviendo por el hecho de estar pendiente del twitter. Ahí queda eso.

La mani acaba tan pacíficamente, pero al parecer luego las cosas se complican bastante y unos gamberros la lían parda en Callao. Alguien que había estado siguiendo los twitters de Miguel Angel y que queda atrapado en la FNAC presa del pánico por culpa de los gamberros, pone a parir a Miguel en su muro del Facebook por apoyar "ese tipo de manifestaciones de hijos de puta".
Y ahí quería yo llegar.

Da la sensación de que el muro del facebook enerva a la gente. Cualquier persona que en un mensaje privado sería razonable y hasta benevolente contigo, por el solo hecho de ser (o creerse) escuchada por muchos en un sitio público como es un muro, tiende a ensalzar su discurso hasta el límite de lo ridículo. Será que en casa nadie les oye, criaturicas.

Y voy más allá. Y voy a generalizar, porque como dice mi amiga Elvira Lindo, si no generalizo no escribo (Elvira no es mi amiga, pero la última vez que me escribió por Facebook firmó como "tu amiga Elvira" y como yo la adoro, pues eso, que pongo lo de amiga). En general, la gente suele ir por la vida con un discurso acotado y patético que reparten a diestro y siniestro. Es, en el mejor de los casos, un discurso aburrido, y en el peor de los casos un discurso (sobre todo ahora que se acercan las elecciones) político. Este discurso (lo que soy, lo que impongo, mi identidad, lo que me define) pude ir cambiando a lo largo de la vida para dar la chapa y joder al personal de todas las maneras imaginables. Es la seña de identidad de muchos, el discurso ensayado en las horas de baja autoestima y los insomnios del no hacerse oír, es algo aprendido y, como todo lo que refuerza al ego, tan volátil y tan difícil de mantener, sólo existe si los demás te lo confirman, o, mucho mejor, si los demás se oponen, que es otra forma de confirmar no tu discurso, sino la semilla de lo que quieres conseguir, o sea, la falsa ilusión de que EXISTES, de que provocas al personal.
Que existes en un mundo donde todo cambia y las formas no permanecen. Que existes no por lo que eres si no lo lo que haces y dices. Que eres tus circunstancias y no la vida que subyace por debajo de ellas, esa vida que permanecerá cuando las circunstancias cambien.
La mayoría de la gente, y de nuevo digo que generalizo, la mayoría de la gente programada por la sociedad, por la política, por la espiritualidad, o sea, por la idea que ellos han construido de ellos mismos, tiene siempre preparado su patético discursito para soltar. Y los muros, esos muros verticales elevados en el centro de la nada, constituyen terreno fértil para dejar constancia de los tremendamente gilipollas que somos. Y todo porque creemos que hay un público detrás al que llegaremos, gracias al cual lograremos EXISTIR.
Da igual si yo cuelgo una foto de Lolita Flores, o si pongo un video de Lady Gaga, el gilipollas de turno le bastarán dos post para darle la vuelta a la tortilla y hablarme de política, o de fútbol, o de Shakira o del conflicto en los países árabes si es que esos temas con los que él ha construido su identidad de andar por casa.





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