Páginas vistas en total

martes, 24 de mayo de 2011

EL ORIGEN DEL 15M

Me hace mucha gracia cuando oigo a algunas personas hablar acerca de los que sucede en la puerta del Sol en estos días. Ni siquiera los sociólogos son capaces de otorgar un nombre y una definición (sociológica, quiero decir) al movimiento que aglutina a miles y miles de personas en la calle. Sobre todo, se habla de sorpresa. Y hoy quiero explicar aquí por qué para mi todo esto no ha sido una sorpresa en absoluto, o por lo menos no me he sorprendido tanto como el resto de la gente.

Conocía a Javi hace ahora un año. Bueno, a decir verdad, la primera vez que vi a Javi fue en el pantalla del teléfono móvil de Carlos Alberto Biendicho, aquel personaje genial con quien, fíjate las casualidades, acabé compartiendo casa durante cuatro meses, nos peleamos, y más tarde falleció de cáncer sin que pudiera despedirme de él. De Biendicho solo diré que llevaba siempre puesta una chapa en la chaqueta en la que podía leerse MONTO POLLOS. Biendicho montaba pollos, sí. Los montaba en la caja del Corte Inglés, en las manifestaciones por los derechos de los gays, de los militares gays, de cuantas campañas si hicieran para prevenir el VIH. Biendicho perteneció durante años al partido popular, y fue el que dijo en los medios que Rajoy era gay, y que antes de comenzar en la política la llamaban LA TROTONA DE PONTEVEDRA, que por cierto tiene dedicada (Rajoy) una página en el facebook con ese nombre.

Biendicho fue quien, al poco de venir a vivir a mi casa en la calle Estrella, me presentó a Javi. Pocas personas han llegado con tan buen pie a mi vida como mi amigo Javier. Aquel chaval de 24 años me descolocó por completo. Macarra hasta decir basta, abanderado de su barrio de Vallecas, cultísimo a pesar de su corta edad, combativo a más no poder, repartía su vida entre un trabajo tedioso y su otro curro en un sindicato de trabajadores al que le dedicaba muchas horas y por el cual no cobraba ni un duro. Por lo demás, sorprendía su elocuencia al hablar de política, su compromiso social que rallaba la obsesión, sus ganas de ayudar a la gente, su ansia de justicia social para barrios periféricos como el suyo donde tanta gente vive puteada.

Javi, además, estaba día sí día no en manifestaciones más o menos organizadas de cuatro gatos (a veces más) que acababan montándola en medio de la Puerta del Sol o frente al ayuntamiento, movilizaciones a las que yo nunca fui ni acababa de entender. Pero él nunca se cansaba. Javier el pancartero. Me hablaba de conseguir una democracia real, de igualdad, de progreso, de libre acceso a la cultura, del reparto de los bienes, de lo bien que podría vivir todo el mundo si el dinero no estuviese solamente en manos de unos pocos. Me hablaba del derecho a la vivienda, a la participación política del pueblo, me hablaba de unos políticos corruptos que no nos representaban y de cómo nuestra voz no alcanzaba a las instituciones facilitando la participación política ciudadana mediante cauces directos con el fin de procurar el mayor beneficio social. Javier también me decía que existía mucha gente como él, mucha gente joven, gente formada, con cabeza y con cojones, gente que quería cambiar las cosas porque no creía en el sistema.

De Javi vi por primera vez el documental ZEITGEIST, donde se desmonta con facilidad la falacia de la religión católica, donde se explica con pruebas directas como el 11S fue una maniobra del gobierno de EEUU para tener una excusa para invadir Irak, o cómo son los banqueros los que realmente dirigen y mandan sobre los políticos de todo el mundo. Pasábamos las tardes de verano en casa, tumbados viendo documentales como aquel otro argentino sobre el TRUEQUE, que sucedió en el año 2002 cuando cuatro millones de argentinos afrontaron la peor crisis de la historia integrándose en clubes de trueque, cubriendo así sus necesidades básicas sin trabajar para nadie, hasta que el mismo gobierno se los cargó por ir contra el sistema. O eso otro documental sobre la OBSOLESCENCIA PROGRAMADA, donde destripan una impresora para enseñarte el chip que llevan todas las impresoras para marcar "error" cuando llevan ciertas horas de funcionamiento con el único fin que la tires a la basura y compres otra, pues esta es la única forma de que nuestro sistema de consumo siga hacia adelante con toda su evidente insostenibilidad.

Javi me hablaba, me hablaba. Javi pensaba poco en sí mismo, vivía para los demás, para luchar por los cambios necesarios que solucionasen la vida de toda esa gente en paro, o con hipotecas imposibles, o marginados. Yo lo escuchaba siempre cuando regresaba de sus manifestaciones a veces con algún que otro moratón y me cachondeaba a veces de él, de sus anhelos utópicos, de su lucha sin descanso por algo que me parecía imposible. Nunca me ha interesado demasiado la política, la verdad, ni tengo interés suficiente en ella como para hacer valoraciones demasiado acertadas, pero la cruzada épica de mi amigo Javi, que pronto se convirtiría en uno de mis mejores amigos, me sorprendía y me fascinaba a partes iguales.

El domingo del 15 de mayo Javier me dijo que habían organizado otra de sus manifestaciones. Me dijo que esta vez debía ir, que pensaba que iría más gente de lo normal. Decidí que esta vez le haría caso, sin imaginar que en esa tarde de domingo me toparía de bruces con la Historia. Una vez allí, me sorprendió realmente el número de manifestantes. Esta vez sí que la habéis liado parda, Javi, le dije. Él estaba que no se lo podía creer. Esto es muy grande, Ariel, esto es muy grande, sólo podía decir casi entre lágrimas. Sí, tuve la suerte de estar allí cuando todavía el 15M era simplemente el segundo domingo de Mayo, y vi gente joven con rabia, pero también vi gente mayor, gente que se nos unía, personas indignadas, como yo, que en menos de dos años lo hemos perdido todo, negocios, casa, estabilidad, y todo por culpa de un sistema que no funciona y cuatro mal paridos de Wall Street que siguen con sus bolsillos llenos disfrutando de la vida tan ricamente.

Nunca en la vida me he sentido tan orgullosos de alguien como de Javi en estos días paseando por la puerta del sol. Es verdad. Hay otros como él. Gente preparada, gente cívica y amable que se preocupan por los que tienen alrededor. En Sol se respira un aire de respeto, de cercanía, y los mayores acuden a que se les oiga, y las madres, y los niños juegan en la guardería, y los demás leen en la biblioteca o plantan ese huerto que hay en una fuente inservible en una plaza espantosa en la que, hasta ahora, ni siquiera existía un sitio donde poder sentarse para poder hablar con tu vecino, con tu compañero de barrio o con esos ancianos sin rumbo que pululan perdido por las ciudades sin que nadie les dirija la palabra. En el kilómetro cero no se hablaba. En el epicentro de España solo se levantaba la cabeza para mirar con desconfianza al que te podía robar o sacarle fotos a la gilipollez esa del Tío Pepe, a lo sumo chapurreaban el búlgaro los chaperos con sus clientes, como en aquella magnífica novela de Mendicutti.
Hoy todo es distinto. Cualquiera que pase por allí podrá conversar con la gente, escuchar, ser escuchado, escribir en los carteles o solicitar agua y comida. O ayuda.

Y es que nada cura más que la mirada del otro.

Claro que esto no interesa en absoluto. A los gobiernos les interesan las personas solas, desorganizadas, les interesa fomentar el miedo para que necesitemos de sus policías y de sus servicios. Hasta les interesa el terrorismo, o alimentar la maquinaria absurda de la guerra. Lo menos que interesa a los gobiernos es que comencemos a hablar, que comencemos a comunicarnos, porque entonces quizá apartemos la vista de esa televisión donde nos venden lo que quieren y miremos al que tenemos delante o, peor aun, que logremos por fin (de una vez por todas) mirarnos hacia dentro.

Como reflexión, me gustaría que pensaseis en la cantidad de relaciones, la cantidad de amistades y el remover profundo de las consciencias que en estos momentos están surgiendo en el kilómetro cero de Madrid y que continuarán para siempre.

Esto que está pasando no es nuevo. Esto viene de muy atrás. Para vencer la pereza y la inercia del borreguismo hace falta una fuerza tan brutal y tan devastadora, una evolución de la consciencia tan grande,  que juzgar el movimiento del 15M como algo pasajero es tener una venda muy grande delante de los ojos.

1 comentario:

  1. http://2y2iguala5.blogspot.com/2011/05/no-nos-representan-democracia-real-ya.html

    ResponderEliminar