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jueves, 14 de abril de 2011

ME VOY PAL CAMPO (2)

Aquí, tal lejos del bullicio, la vida recupera su sentido. En las copas altas de los árboles se desenreda el viento. Leo a Lorca bajo la parra, los primeros rayos del sol tamizados de hojas. Pájaros de la mañana, en los árboles se quiebran. Recuerdo canciones viejas. Porque de ti volví a aprender el nombre de las cosas: pan, casa, destino, camino.

Y es así como todo va ocupando su sitio. La esquina del lirio morado, apenas encendido con un rayo de sol. El arroyo negro lleno de ramas, la risa como un jazmín caliente. Ofelia tumbada en la luz.
El cielo, cielo.
El trigo, trigo.

Hace poco leí que la seguridad que nos pasamos la vida buscando no se alcanza intentando tenerlo todo controlado: el trabajo, la cuenta del banco saneada, la casa propia,. Intentar colocar la seguridad en los elementos siempre cambiantes nos produce una sensación de caminar en una cuerda floja: en el fondo sabemos que nada permanece, que todo puede irse a la mierda en cualquier momento. 
Buscar la seguridad. Qué dilema. Nos pasamos la vida esclavos de otros para tener el último modelo de IPHONE y las vacaciones aseguradas en el mes de agosto. La verdadera seguridad que tanto necesitamos no reside en intentar controlar y tener bien atado nuestro entorno, tarea tan difícil como imposible, sino en saber que, pase lo que pase, seremos capaces de adaptarnos a lo que vaya a suceder. Porque al final, siempre sucede. La pérdida de dinero. De status social. La pérdida de los que queremos, de la juventud. Ir desarrollando la capacidad de adaptarnos a los cambios es importante. Ahí reside nuestra verdadera seguridad, nuestra tranquilidad. Haber transitado por esos caminos y haberlo hecho bien nos relaja, nos impulsa a creer que, suceda lo que suceda, podremos con ello.

Desde el principio me planteé este cambio en mi vida, la vuelta a un entorno rural, la cercanía recuperada de mi padre, como un ejercicio para poner a prueba mi capacidad de adaptación que es, según la psicología, el punto más importante a la hora de obtener felicidad en la vida. Solo sobreviven los que se adaptan. A nivel universal y también en la esfera de lo personal.

Está sucediendo algo a nivel planetario ¿no lo sentís? Ojalá todo el mundo tenga la ocasión de tomarse un respiro en el silencio de la naturaleza para poder pensar en ello. El mundo se está yendo al carajo, las cosas se están precipitando de una manera vertiginosa, y nadie es capaz de detener esto que amenaza con destruirlo todo.

Pero, al mismo tiempo, existe un sector de la humanidad que está comenzando a despertar. A realizar un cambio desde dentro, que es desde el único lugar donde se pueden transformar las cosas. Combatir la periferia para intentar cambiar el núcleo no funciona, es otra forma más de violencia, y si no mirad a los políticos pelear en el parlamento.

Esto me recuerda al Señor de los anillos. Je je ej. El mal extendiéndose por la Tierra Media, y al mismo tiempo un pequeño Hobbit, con su sencillez, su comarca y su hierba para fumar capaz de trasformarlo todo. La nueva conciencia que surge (según Eckhart Tolle un acontecimiento a nivel planetario sin precedentes) luchará contra las fuerzas de la inconsciencia, y el ego (el poder de Sauron). 

Una última cosa. Aquí en el campo hay un pajarillo que canta y suena exactamente igual que el pitido del teléfono fijo. No es coña. No me lo invento rollo escritor graciosillo. Es que el muy hijo de puta suena igual ¿Os imagináis? Me tiene todo el día descolocado. Vas por el jardín y dices: joder, el teléfono otra vez. 
¡Y es el jodío pajarillo!


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