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miércoles, 13 de abril de 2011

ME VOY PAL CAMPO (1)

Ayer algunos me preguntaban, al conectarme de nuevo a internet después de una semana de ausencia. ¿Cómo es eso? ¿Que te has ido a vivir fuera de Madrid?
Pues sí. Me he ido. No voy a negar que ha sido por la fuerza, como sucede casi siempre que la vida nos obliga a salir de nuestro entorno apacible para enseñarnos algo nuevo, para ir un paso más allá: por la fuerza. Y no pasa nada. No es nada malo. La vida tiene su propia fuerza y no voy a insistir en el tema de que aferrarse a las cosas que van quedando atrás es el principal motivo de sufrimiento para todos.
Tampoco voy a negar que no lo tuviese planeado, esto de pirarme de la ciudad. Pensaba hacerlo cuando cumpliese más o menos los 45 años (eso es lo que planeaba mi subconsciente) pero esta crisis espantosa y dos o tres factores añadidos me han obligado a hacer las maletas apresuradamente.
Tampoco es que yo sea mucho de ciudad. Me gusta ir, verla, estar un tiempo y volverme. De alguna forma, cuando vivía allí, en el centro, ya me había fabricado mi parcela de cielo con mi terracita y mis plantas y mi ático tipo cabaña en el que pasaba tanto tiempo. Pero el precio a pagar era caro. No estoy hablando metafóricamente. Vamos, que el alquiler valía un huevo y la mitad del otro. Hice todo lo posible para vivir en Madrid, todo lo posible para vivir de forma que me permitiese seguir escribiendo, pero al final, como siempre, el guión de la vida se impuso a mi propio guión.

En sucesivos blogs iré contando cómo es esto. Ahí va una foto para que os hagáis una idea de lo que se ve desde mi terraza.





Tampoco es que yo disfrutase mucho de Madrid. Iba del gimnasio a casa y de casa de algún amigo a mi paseillo por la Gran Vía pa dejarme ver. Soy de esos raros que prefieren la lista de los cuarenta principales al tecno de las discotecas y que le aburren una barbaridad los museos (sobre todo los de pintura), se duermen en el teatro Real cuando van a ver una ópera y casi nunca se levanta los domingos para ir a La Latina de tapas. Quien sabe, quizá ahora, cuando vaya para el centro, casi con la mirada y la actitud de un turista, comience a hacer todas esas cosas que desde el vórtice del huracán no hacía.

Es curioso porque, en cualquier caso, si la vida no me hubiese empujado a hacer este cambio que tantas dificultades y tantas cosas maravillosas me está obligando a vivir, jamás hubiera salido de mi comodidad. Esa comodidad que se había convertido en vacío total en los últimos tiempos.
No queremos renunciar a nuestra seguridad por nada del mundo, eso está claro. Ahí estamos, encadenados a nuestras hipotecas, a nuestros matrimonios, a nuestras jubilaciones, quejándonos que la vida nos sabe a poco (o a nada) pero sin ser conscientes de que en realidad pocas cosas nos atan, que podemos coger la mochila y marcharnos a vivir una vida nueva más acorde con nuestros valores, renunciando a unas pocas comodidades que en realidad tampoco son para tanto.


Claro, que para eso primero deberíamos hacer una lista de  cuales son nuestros valores prioritarios, como sabiamente me aconsejó Laura la semana pasada cuando acudí a mi sesión de Psicología Positiva.
Es curioso, pero al hacer la lista te das cuenta de que, tal vez, inviertes todo el tiempo del día en conseguir logros que no corresponden con tus auténticos valores, con lo que realmente te hace feliz.

Intentaré, desde aquí, seguir hablando del tema mientras busco curro, mientras acabo mi nueva novela y preparo una obra de teatro que se estrenará en breve en la Sociedad Cervantina.

1 comentario:

  1. palcampo
    pryca
    carrefur.

    estés donde estés te lo compraremos todo.
    TO-DO

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