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viernes, 22 de abril de 2011

MADONNA VERSUS LADY GAGA

Cuando uno tiene un blog, al final sabes que va a llegar el momento en el que tengas que hablar de cosas como John Galliano, o Belén Esteban, o en este caso del supuesto enfrentamiento entre Madonna y Lady Gaga.
¿La Gaga copia a la Madonna o no la copia? Bueno, si este es todo el problema tampoco hay mucho que comentar, al fin y al cabo Madonna se ha pasado la vida justificando con "homenajes" la caracterización de  todo un imaginario de personajes míticos, vamos, que lo que quiero decir es que quien copia a un copión tiene cien años de perdón. Todos los autores copiamos a los artistas que nos gustan. Y más al principio, cuando tu estilo no está definido. Sí, es verdad, Born this way es clavadito al tema Express yourself de Madonna, que digo yo que ya que la Gaga fusilaba un tema de la cincuentona podía haber elegido otro menos soso e insustancial, pero bueno. Copiar es lícito siempre y cuando lo hagas bien, y ya sabemos que todo está inventado desde aquellos primeros dramaturgos, músicos y poetas que nos jodieron la vida a los que vinimos después, los que ya no tuvimos oportunidad de escribir el primer Hamlet ni el primer Quijote sino obras siempre relacionadas de una forma u otra con los grandes clásicos.
En el caso de Lady Gaga, parece ser que la humanidad siempre ha necesitado ídolos cíclicos que representen las ideologías, las creencias, y en este caso la fuerza arrolladora y poderosamente transformadora de la juventud, esa época en la que absolutamente todo vale. Gaga se disfraza, como en su día Madonna, provoca, se mete con todo, se hace amiga de los gays, deja como el culo a la Iglesia, en fin, lo de siempre.
En su día yo fui fan incondicional de Madonna. Se puede decir que fue mi ídola total. Asistí con desenfreno a sus primeras provocaciones, a sus bailarines ambiguos, a alguna que otra canción realmente buena. Más adelante, llegó su madurez. Si tuviera que elegir un momento en el que (siempre bajo mi modesta opinión) las edades cronológicas y artísticas de Madonna coincidieron, ese fue el lanzamiento de Ray of Light. Por fin parecía que Madonna coincidía con Madonna en ese desbarajuste de tiempo, de personajes, de falsos homenajes, de estudiada comercialidad. De pronto veíamos a una Madonna guapa, relajada, con el pelo ni negro ni rubio, ondulado al viento. Por fin parecía que la niña había madurado con aquellas canciones preciosas a pesar de su forzada espiritualidad y de su conversión al cábala cosa que, personalmente, me importaba un pimiento. Por fin Madonna había conseguido armar tan bien su estudiado papel como para resultar creíble.
Más tarde, con los siguientes discos, los amantes de la diva asistimos a un lento deterioro que nos hacía mirar en ocasiones hacia otro lado. No por el lado musical, que al haber tanta pasta de por medio resultó casi siempre impecable, sino por el otro, el de la ley de la naturaleza. Esa naturaleza que dicta cosas como que a partir de los cincuenta no te puedes poner unas licras y bailar con niñitos raperos como si fueses una más.
Es como cuando tu madre, que ya va teniendo una edad, se separa de tu padre y se opera las tetas y se apunta al yoga y tú al principio te alegras, dices: qué bien, pero claro, luego la tía se busca una chaval treinta años más joven, se sigue operando, y tú de reojo empiezas a darte cuenta (sin perder la sonrisa, para no alarmar a ninguno de tus hermanos) que a tu madre se le está yendo un poco la olla, pero claro, tienes que continuar celebrándolo, con el gesto de espanto pero celebrándolo, porque mucho peor hubiese sido que tu madre se encerrase en casa, deprimida, mohína, a llorar por tu padre que se fue con otra, o porque no le encuentra sentido a la vida, o porque se ve viejuna.
Y por fin llega ese día (a mi me pasó con Madonna en el vídeo de American Life) que en las fiestas de tu pueblo toca un grupo que imita a la Oreja de Van Gogh (cuya cantante a la vez imita a la anterior cantante de la Oreja de Van Gogh) y tu madre se desmelena y sale a bailar a la pista con ese característico gesto con la boca en forma de O que ponen las señoras mayores (Madonna incluida), moviendo las tetas todavía sin drenar y las caderas y con la mirada baja, como disculpándose a sí misma, pero imparable, imparable ella, y entonces te das cuenta de que las adoras, las adoras a las dos, a tu Madre y a Madonna, y también te das cuenta de que a partir de ahora te esperan varios momentos en los que deberás mirar para otro lado, disculparlas, hacer como si no pasara nada.
Pero sí que pasa.
Cuando Madonna salió en la portada de su último disco vestida de boxeadora no pude más. En su momento la diva me inspiró para salir del armario, para soltarme en las discotecas, para sacar lo mejor de mi mismo. Pero... ¿ahora? ¿Qué es lo que me quiere decir? ¿Qué cuando cumpla los cincuenta y cinco debo seguir igual? No, gracias, querida. Espero que, cuando llegue a tu edad tenga una vida lo suficientemente valiosa para ya no necesitar de tanto artificio.

La Gaga me mola. Además de venir reivindicando todo lo que en su día reivindicó la otra, se le suma también la aceptación de ese liderazgo nato que tenemos los raros. Ya me hubiese gustado que Madonna lo sacase a la palestra en su día. Por lo tanto, no hay enfrentamiento. Aquí no ha pasado nada. No sé si a mi sobrino le gustará Lady Gaga o no, pero lo que estoy seguro es que se identificará mucho más con ella que con una señora que tiene unos pocos años menos que su abuela.
Curiosamente, lo que diferencia a la Gaga de Madonna es que la primera todo el rato interpreta su papel, es decir, que nunca la oímos hablar como la persona sino como el personaje, lo que resulta fantástico cuando dice, como hace poco, que las prótesis de reptil que se pone en los hombros y en la cara desde hace unos meses son en realidad sus propios huesos que controla a voluntad en el proceso de transformación que está experimentando hasta darse al mundo a conocer. Espero que esta tía tenga los ovarios bien amueblados para no dejarse llevar por la riada de su propio personaje. Yo creo que lo hará bien. Es lista, es demoledora, y canta y baila mil veces mejor que Madonna.

Los que crecimos con Madonna, los que la admiramos y asistimos a su proceso vital intentando provocar un crecimiento casi paralelo, nos faltó esa parte de la madurez en la que la diva se relajase, dejase de competir y se convirtiese por fin en ser humano. Después de su ascensión a los cielos, hubiese estado bien el aterrizaje en la tierra en justo proceso inverso (ese que todos debemos hacer llegado el día), un proceso de replegamiento, de liberación, de vuelta a la semilla, de dejar ir lo que ya nos es imposible abarcar. Se trata de una parte indispensable del desarrollo personal que llega en la última etapa de nuestra vida, antes de decir adiós a este mundo.

¿Podrá la virgen Madonna recorrer el camino inverso para volver a ser mujer? Eso sí que tendría mérito y no llegar hasta donde ha llegado.

1 comentario:

  1. Personalmente, yo veo tan distintas una a la otra... por lo que encuentro de crios el pique que tienen entre estas dos tías. Es como El pique entre Mónica Naranjo y Coral siempre estará ahí a pesar de que cada una tiene sus puestos correspondientes (una más que la otra)pero cada una a lo suyo. En fín ni soy de Madonna ni soy de Gaga, pero si tengo que escoger pues me decanto por Gaga. Porque si, porque es transgresora, y el pan sube cada vez que abre la boca (como la Yola Berrocal) y eso me gusta. Madonna pues ya tuvo su momento y ahora le toca a otras... Y Gaga ha conseguido su puesto, merecidamente.
    Vamos, que me da igual si mañana las dos se arruinan y se quedan sin trabajo. A lo que vamos, no se como he parado hasta aquí, pero que me gusta mucho tu blog. Ya soy seguidor (69) mejor imposible. Jajaja!
    Un saludo;

    Pedro
    (Admin. La puta realidad)

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