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jueves, 10 de marzo de 2011

DESEAR LO QUE YA NO SE TIENE

Ayer, hablando con mi terapeuta, comentábamos el intenso grado de estrés que hay entre la gente desde que empezó la crisis. Juan Carlos me hablaba de cómo, hasta hace unos tres años, todo el mundo andaba preocupado por el más es más, por la consecución de metas de éxito desorbitadas, y cómo la crisis ha obligado a la gente a buscar razones intrínsecas para la felicidad, esto es, lo de toda la vida, las fuentes naturales de placer y realización como son el cariño, la naturaleza, el contacto con las cosas más básicas que durante los años de bonanza no estaban tan "valoradas". Hablamos de que, durante la época de vacas gordas, la época que tanta gente añora, parece que se nos olvida que entonces tampoco éramos lo que se dice "individuos pletóricos de felicidad".

Hoy me ronda por la cabeza el tema de las pérdidas, de nuevo, y esta vez refiriéndome a las pérdidas de los seres queridos. Esto lo barrunto bastante desde que empezó el año, particularmente por el miedo a la pérdida de mis dos perritas, que ya son mayores por culpa de esa absurda regla de multiplicar los años por siete que tanto me jode.

Temo mucho la pérdida de mi perrita Diesel, que ya tiene casi trece años a pesar de que está como una rosa. Los que vivimos con animales (o por lo menos muchos de nosotros) sabemos lo que significa tener un bicho tan cerca mañana tarde y noche, así como la relación que llega a establecerse, y hablar de esto es caer en tópicos, por lo que no voy a seguir por este camino. Personalmente, mi relación con mi perrita Diesel es una relación física. Además de mental, claro. Pero sobre todo física. Mi cuerpo se relaciona con su cuerpo, lo busca, lo aprieta, la muerdo, intercambiamos mucho calor, calor físico a lo largo del día en los meses de invierno, instintos ancestrales de manada y de supervivencia. Me busca y me encuentra. La busco y siempre está. La cabreo y se cabrea. Y jamás está de mal humor para compartir juegos y felicidad.
Yo, acostumbrado a relacionarme mentalmente con los demás, esta relación física es una parte tan importante en el día a día como el comer o el beber. No siempre uno tiene pareja, no siempre uno tiene hijos, o amig@s que se dejen tocar y que les guste tocarte. Diesel cumple esa función y por eso forma parte de mi vida de una forma tan catastrófica, y por eso temo tanto su pérdida.
Lo temo físicamente.

El antídoto de la pérdida, en el caso de la pérdida de un ser querido, creo que prácticamente no existe, solo el tiempo y la distancia y un luto bien elaborado pueden hacer que el dolor desaparezca. Y esto lo dice alguien que, por suerte, ha sufrido poquísimas pérdidas de seres queridos a su alrededor. Por eso intento prepararme, por eso me interesa el tema y hasta lo convierto en el discurso de mi próxima novela.

Hay otras dos situaciones de pérdida que siempre me han parecido muy curiosas, y que me han permitido extrapolar sensaciones para abordar el tema de las pérdidas de los seres queridos. Una es la pérdida de la salud. La otra es la pérdida de la cama.

La pérdida de la salud (cuando estoy malito, vamos), que me sucede poquísimas veces, me resulta siempre tremendamente desagradable. Cuando estoy con un terrible dolor de estómago, por ejemplo, deseo tanto que se me pase de una vez, miro hacia atrás y pienso: joder, lo que daría por estar como estoy siempre ¿cómo es posible que no valore que paso el 99.9 por ciento de mi tiempo sin dolor de estómago? Pues bien, esta sencilla toma de consciencia (hay que ser muy consciente mientras te sucede, porque lo más normal es que, al restablecerte, te olvides de eso de un plumazo), esta sencilla toma de consciencia me hace, cada día, valorar el bienestar de tener salud, es decir, que muchas mañanas me levanto y siento la salud y la falta de dolor no solamente como LO NORMAL, lo que por derecho divino me corresponde, sino como un auténtico privilegio del que me siento agradecido y feliz.

La pérdida de la cama es similar. Estás en el típico viaje en avión en Easyjet (por poner la compañía más terrorífica que me viene a la cabeza), con las rodillas estrelladas con el asiento de delante, los posabrazos que no se pueden subir, los asientos que no son reclinables, la cabeza que no hay donde encajarla. Te has levantado a las cinco de la mañana para pillar por Atrápalo la tarifa más baja, y estás que te mueres de sueño. Intentas por todos los medios buscar dos asientos libres pero la cosa está jodida (claro, a esos precios no hay un hueco), por fin encuentras dos asientos en la parte de atrás y después de que la señora de la ventana te eche una mirada de hostilidad consigues tumbarte, de lado, con las piernas hacia afuera que te dan con el carrito (todo de pago, claro) cada vez que pasan esas azafatas cabreadas porque no les han cogido en Iberia. Un horror. Intentas conciliar aunque sea una media hora el sueño, eso si no se pone a hablar por la megafonía el piloto para contarte un montón de chorradas que no te interesan.
Entonces, en ese momento piensas: Dios, lo que daría por estar en mi cama. ¿Cómo es posible que no valore las bondades de mi camita cada noche, cuando me meto entre mis sábanas de lino?
Bueno, pues este desastre ha hecho, también, igual que en el ejemplo de la salud, que muchas veces, al irme a dormir, me imagine en aquel avión y me sienta agradecido y feliz de poder estar donde estoy, en vez de dar por hecho aquello es lo normal.

Estos dos ejemplos enlazan ahora con lo que quería contar de mi perrita Diesel.
Algunas veces me sitúo en un futuro próximo, cuando ella no esté y yo la eche de menos. No es masoquismo, no. Se trata de aplicar las máximas de antes, pero esta vez sobre un hecho que todavía no ha sucedido. Sé que algún día lloraré, y sé que la echaré terriblemente de menos. Pero resulta que ahora está aquí. Resulta que ahora SÍ que está.

Con esto no quiero hablar del tópico de que solo valoramos las cosas cuando las perdemos. Con esto quiero decir que las valoremos mientras las tengamos. Me da la sensación de que mucha gente llora y sufre excesivamente a sus muertos porque, en el fondo, tienen la culpa de no haber valorado y sentido cada segundo de los que compartieron cuando estaban en vida. No han sido conscientes de ese privilegio que ha sido estar al lado de los que amaban. Pero esto es como todo. Vivimos pasando por encima de las cosas. Damos POR SENTADO que la persona amada tenía que estar ahí y luego sufrimos terriblemente su pérdida.
No digo que el hecho de disfrutar y honrar cada segundo que pasamos con un ser querido nos salve del dolor de su pérdida, no. El dolor, llegado el caso, será inevitable. Pero me da la sensación de que, si hemos honrado, valorado y sido conscientes del privilegio de estar a su lado, a la hora de decirle adiós existirá una cualidad distinta en el sufrimiento, cierto estado de paz que no tienen lo que no son conscientes ni valoran.

Al fin y al cabo, tu no pusiste en el mundo a ese ser maravilloso. Yo no hice nada para que Diesel apareciese en el planeta. Lo que quiera que hay ahí fuera (naturaleza, Dios, inteligencia organizada, Ser, o como queramos llamarlo), fue quien la puso sin que yo hiciese nada, y si soy consciente de eso, en cierta forma estaré aliviado, porque esa misma fuerza poderosa que la puso en cierto momento la quitará sin que yo pueda tampoco hacer nada. Esto, posiblemente otorgue a mi dolor una cualidad de "rendición" que me evitará sumarle más sufrimiento al dolor.

Si honro la vida de mi perrita, si la honro cada segundo con consciencia, con mi físico, con mi calor y con mi mente, digo yo que también deberé honrar en cierta forma la caducidad de ese milagro que forma parte también de la naturaleza de su ser.

Si honro a esa naturaleza que un día la puso sin que yo tuviese que hacer nada, abrazaré a esa naturaleza que un día, por razones que no estoy capacitado para entender, se la llevará.

Eso no me evitará el dolor, lo repito, pero al menos me dará un poco de paz. Un poco de paz siempre y cuando haya sabido quererla cada segundo que permaneció a mi lado.

Levantémonos cada mañana felices por tener salud, por no haber tenido que dormir en un avión de Easyjet, por tener al lado a los que queremos y por cientos de miles de razones más.

Qué bonito me ha quedao eso, coño.


3 comentarios:

  1. A tu madrina, siempre tan pijotera, le gusta aún más el resto del escrito.
    ¡Cómo te comprendo en tu relación con Diesel! (por cierto ¿y Ofelia?, noto un poco discriminada a mi favorita, la reinona canosa y maciza).
    Yo tuve esa relación con el perro Hugo, mi enano gamberro, aunque duró poco. Pero fue muy intensa e incluso hice algo que nunca creí que me ocurriría: dormir abrazado a un chucho (le encantaba al muy putón). Cuando desapareció y lo perdí, mientras yo estaba en Cuba con Itxi, a manos de algún desaprensivo/a caprichoso/a y vil (Cruela) fue un mazazo. Lloré como en mi vida. De hecho, de alguna manera me ha impedido hasta ahora adoptar otro (no será él).
    En cuanto a las cosas sencillas y los pequeños placeres de la vida, no es nuevo. Puede ser la crisis, el sida o que te expulsen a los 17 de la Universidad, te hagas hippy (de lujo, eso sí), te tomes un trip, no bajes y tengas dos meses de "viaje" por todas las dimensiones habidas y por haber y tras experiencia de delirio vuelvas a la solidez de este espacio-tiempo buscando cosas sencillas y naturales a las que aferrarte.
    Pues eso, que me ha encantado leer tu post, que te quiero y que me encanta que cuando yo muera lo hayas asumido de tal forma que seas capaz de sonreír entre las lágrimas, mi niño.

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  2. Buenas tardes nos dé Marx (Groucho),
    También me gustó leer sobre tus amores perros.
    Lamentablemente hoy estoy demasiado metafísico. El dolor de la pérdida es autónomo independientemente de lo que hayas querido en vida al ser fallecido.
    Yo siento dolor inmenso por la pérdida de gente que apenas conocí y no diré indiferencia, pero poco dolor por gente a la que aprecié y querí; pero que no echo de menos.
    Por tanto llego a la conclusión que el dolor, como el amor, es un sentimiento egoísta.

    ¡Y una mierda "pa" mí!. (Yo también sé querer)

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  3. Nostalgia de tiempos pasados, acompañantes, lugares, sábanas, roces, olores, ... ensoñación positiva cada vez que brota el recuerdo de ese PRIVILEGIO compartido con la otra parte!

    @asuddenreader

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