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sábado, 26 de marzo de 2011

ABDUCIDO POR EL PROGRAMA DE "EL HERMANO MAYOR"

Llevo varios días sin actualizar mi blog. Uno no siempre está para escribir y cuando se tienen demasiados problemas prácticos que resolver, menos. Jorge Eines, mi profe de teatro, explicaba cómo había (posiblemente) surgido el primer ramalazo artístico de la humanidad en la época en la que el hombre todavía vivía en las cavernas. Decía que uno de aquellos monos-personas, después de jartarse de comer y de follar, sin saber qué coño hacer, con la barriga llena que casi no se podía mover, se tumbó bocarriba en la pradera y señaló las estrellas, fijándose en ellas por primera vez, y entonces le dijo a su compañera que tenía al lado ¿qué es eso tan bonito de allá arriba? Y entonces quiso componer un verso, o pintar un cielo en las paredes de su cueva. Con esto quiero decir que el ramalazo artístico queda pospuesto por tiempo indefinido cuando tienes que buscarte las habichuelas, cuando no tienes las cosas básicas cubiertas, y en esta espesura del bosque me encuentro yo ahora, re-encaminando mi vida.
Pero eso es otra historia que deberá reposar un tiempo antes de ser contada.

Ayer me vi abducido por la 4. Me refiero a la cadena. No suelo ver la tele por la noche porque he descubierto que lo que hago una hora antes de acostarme incide directamente en la calidad de mi descanso, no obstante no pude hacer nada por evitar sentirme atrapado por una sucesión de programas interesantísimos (no soy irónico, eran muy interesantes, y con eso no quiero decir que muchas de las cosas que se cocían en ellos no fueran de naturaleza un tanto rastrera). Pero de las cosas malas también se desprenden grandes perlas. Sin ir más lejos, a mi, en mi carrera de escritor, me han enseñado casi tanto las novelas pésimas como las buenas a la hora de aprender el oficio.
El primer programa que vi era ese de El hermano mayor. Es la segunda vez que lo veo y el desarrollo me resultó idéntico a la vez pasada. Una especie de educador, ex yonki retirado con mucha escuela de la calle intenta hacer profilaxis de entornos problemáticos en los que viven adolescentes problemáticos. La de ayer era una chica, y la catarsis fue exactamente igual a la otra vez que lo vi. En resumidas cuentas, el chaval siempre es violento y se porta mal porque tiene algún reproche oculto hacia sus progenitores, en su mayoría madres solteras que, para qué vamos a negarlo,  lo ha hecho de puta pena a la hora de educarlos, las pobres. Han sustituido parejas sin dar explicaciones a los niños, no han dejado tiempo para que los chavales asuman el luto de un padre fallecido, tienen verdadera alergia a llamar a las cosas por su nombre, a hablar sobre lo que DE VERDAD sucede, sufren más que Geno y que Belén Esteban juntas y lo único que consiguen es generar más distancia y más violencia entre sus vástagos.
Al final, después de una serie de retos a los que se somete al chaval que pululan entre el esoterismo, la psicología de alpargata y el golpe efectista de la lagrimilla, el chaval siempre acaba soltando lo que tiene dentro, la madre reconoce que lo ha hecho de puta pena, y la cosa parece arreglarse en tres segundos, y todos nos quedamos con cara de besugos frente a la pantalla pensando ¿así, tan fácil?

No sé si servirá de algo (bueno, de algo por poco que sea servirá) este hermano mayor (que no gran hermano), ni entiendo el por qué de ese nombre, como si los hermanos mayores nos hubieran solucionado desde siempre y de forma sistemática la vida (¿?), más bien uno se queda con la mosca detrás de la oreja de que lo que necesitaba esta madre y este hijo, sobre todo, es una catarsis televisiva de popularidad, y como los dos ya se han visto los programas anteriores, pactan un acuerdo más o menos consciente de que, para ser normales, para ser normales dentro del desarreglo y la desestructuración familiar, están obligados a seguir una serie de pautas, más que nada para no quedar en ridículo, para que no fracasen las audiencias, porque si todos lo consiguen, si todos los anteriores "participantes" al final acaban tan amiguetes, bueno, pues eso, que ellos no pueden ser menos.
Es decir: en los primeros quince minutos deben exagerar la violencia (si no no se entiende cuando la niña agarra a la madre del cuello para ahogarla), hacia la mitad del programa deben comenzar a plantearse que algo falla (justo a la mitad, no hay un segundo que perder), y en la última media hora asumir las lágrimas, el arrepentimiento y la forzada cercanía aunque todavía, obviamente, no ha dado tiempo a que cuajen los arreglos (los problemas de años no se resuelven en una tarde), y lo hacen solamente para no quedar mal, para no fastidiar el programa ni hacer que el hermano mayor pase a convertirse en un inepto y sospechoso gran hermano.

Lo que os digo: abducido hasta las dos de la mañana. Luego vino el programa de los niños ricos y después el del cirujano, y para cada uno de ellos dedicaré un blog porque la cosa tiene miga.



2 comentarios:

  1. En el universo del siglo XXI la vida se vive a través de otros, a través de sus experiencias y sufrimientos, la realidad ha traspasado las fronteras de la ficción, de las cenizas de la narración verbal a la conversión de vivir la vida del ajeno viendo su imagen y escuchando sus palabras... La Épica del siglo XXI, recipientes vacíos viviendo la vida de desconocidos!

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  2. Cuidadito amigo.
    La comida basura engorda la panza de materia grasa perjudicial... la tele basura engorda el cerebro de otras cosas peores...

    ¿¿¿Tengo que empezar a preocuparme por tu dieta???
    Castigado sin falda de colegiala.

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