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martes, 8 de febrero de 2011

SOPA DE COLIBRÍ

Para todos los que no pudieron disfrutar con la obra corta SOPA DE COLIBRÍ recientemente estrenada en Madrid, voy a dejaos el texto para que os riáis con esta disparatada historia entre Amparo y Victoria Fox, basada en una ensoñación de Bastian Padrino, protagonista de EL MALEFICIO DE LA DUDA.



SOPA DE COLIBRÍ

De Ariel Capone

Dirección: Sonia Sebastián

Restaurante caro y modernísimo con mesas donde se sienta el público. En una mesa, está esperando la cena VICTORIA FOX (35) Delgada, muy bien vestida. En ese momento aparece la camarera, AMPARO, misma edad. Luce una tripa que denota su estado de embarazo. Traje de camarera moderno e impecable. AMPARO trae un cuenco en una mano.

A: Aquí tiene su consomé de colibrí con huevo de cría de codorniz sobre nido de patatas. Espero que le aprov…

AMPARO se interrumpe con el plato en el aire. VICTORIA mira a la camarera y reconoce a AMPARO, su cara se descompone.

V(sorprendida): ¡Virgen…

A(intentando disimular): … Santa!

AMPARO hace una reverencia a VICTORIA, mira hacia el fondo del salón buscando la mirada de alguien, sonríe y deja la sopa. VICTORIA a su vez, dirige la mirada hacia una mesa donde está sentado alguien del público y deshace su gesto de asco.

A (disimulando sonríe): Tú y yo otra vez. Será cosa del destino…

V: Del destino, sí. Si no, no se entiende.

A: No se entiende, no.

Silencio.

A: Hoy es mi primer día en el restaurante… soy la metre…

V(sonriente): Ah, como aquel día hace dos años, ¡También era mi primer día como cajera! Y me tiraste a la cabeza una bolsa de naranjas…

A: ¡Y tú me arreaste con el código de barras! Tuve las putas barras del código marcadas aquí durante semanas...

V: ¿Ah sí? Pues lo siento..

Ambas se miran con odio. VICTORIA coge el plato decidida a tirárselo a AMPARO.

A: Victoria, escúchame. Yo… ¡yo ya pagué por eso!... Acuérdate de Mozambique. Ese día que nos encontramos también era mi primer día de trabajo…

V (se sienta): Ya. “Payasos sin fronteras”. El nombre te venía que ni pintado, eso sí.

A: Pero tú no podías dejarlo pasar, claro. Después de lo del Carrefour tenías que vengarte como fuera. Por un momento tuve la esperanza de que no me reconocieras, allí en el quinto coño y vestida de payasa…

V: Pero te reconocí como te reconozco ahora, aunque vayas vestida de señoritinga con delantal de Prada y fingiendo esos modales exquisitos. Yo sé quien eres. Lo sé todo de ti, bonita.

A: Y yo también sé quien eres tú, Victoria Fox. Y te digo una cosa: en Mozambique ya te vengaste de lo del Carrefour. Tú perdiste tu trabajo por mi culpa y yo perdí el mío. Estamos en paz. Por eso, esto tiene que acabar ya. Me merezco una vida nueva, dejar atrás… bueno todo eso que tú ya sabes. ¡Y tú también te lo mereces, joder!

V: Si hoy fuese mi primer día de trabajo, si los papeles estuviesen cambiados, seguro que ibas a pensar lo mismo ¿no? Lo que te jode es que tu puesto de trabajo vuelva a estar en mis manos.

Silencio. AMPARO echa una mirada alrededor. Mira a su enemiga perspicazmente.

A: Espera. Aquí pasa algo raro. ¿Por qué todavía no me has clavado un tenedor en el brazo? Aquí pasa algo…

VICTORIA disimula. AMPARO mira al público sentado en las mesas y sale de la sala.

V(para sí misma): ¡Mierda!

Victoria bebe agua, disimula. Amparo regresa con una sonrisa pícara y un salero

A: Aquí tiene… ¿Ves aquella mesa?

V(disimulando): ¿Cuál?

A:¿Sabías que él es el director de la guía Michelín?

V: (bebe nerviosa): ¿Qué guía?

A: Michelín. Hacen críticas a los restaurantes, que paradójico ¿verdad?

V: Sí...

A: Mi jefa anda todo el día de los nervios con el rollo de tenerlo todo a punto…

V: ¿Y?

A: Esta semana iba a venir de incógnito un crítico o crítica de la guía Michelín.

V: ¿Y qué tiene que ver eso con….?

A: Pues que el jefe de la guía siempre suele acompañar al crítico en cuestión en su primer día de trabajo… ¿qué te parece?

Ambas se miran. Silencio.

V: Que de todos los restaurantes de Madrid, me tenían que mandar a este. Voilá. Yo soy ese crítico.

A: Dios santo. (Amparo se da cuenta de que está también en una clara posición de poder)

V: Al parecer esta vez cada una tiene el futuro de la otra en sus manos. Como una especie de mal chiste, vamos.

A: Mira, se me ocurre una cosa.

V: ¿Te has vuelto loca?

A: (sentándose) Estás en el restaurante más chic del centro. Un nuevo concepto en comida y atención al público. Me dan comisión si me enrollo a hablar con los clientes, si me siento en la mesa y todo eso. Y más cuando se enteren que eres la crítica de la Michelín. Tú sígueme el juego, venga. Y come y disimula.

AMPARO le acerca el consomé.

V: No sé. Se me ha quitado el hambre. Consomé de colibrí… esta cocina impresionista ecléctica que anunciáis la verdad es que impresiona un poco.

A: Tú porque no has tenido que entrar en la cámara frigorífica y ver esa cantidad de "colibrís" colgados del pico…

V: ¿Te das cuenta de que esta es la primera vez que tenemos oportunidad de hablar desde…?

A: Es verdad. Qué triste. Desde que somos enemigas sólo nos vimos aquellas dos veces, y las dos nos cogimos de los pelos.

V: Bueno las relaciones de odio están un poco infravaloradas ¿o no? Hay enemistades que son más profundas y más verdaderas que muchas de las relaciones de amiguetes que tiene la gente.

A: Sí. Ahora me vas a decir que podríamos fundar una especie de FACEBOOK pero para gente que se odia ¿no?

V: Pues mira no estaría mal. Una especie de red antisocial…

A: Ahí, ahí. Etiquetaríamos a nuestros enemigos en las peores fotos, en las que salen hechos un cuadro…

V: Tendríamos una bandeja de entrada de insultos y amenazas…

A: Amparo y Victoria Fox “ahora son enemigas”

Las dos, por primera vez, se miran con cierta complicidad a punto de reír.

A: Anda, tómate la sopa. No me dejan estar sentada más de cinco minutos.

V: Sigues igual ¿sabes? Igual que cuando te conocí.

A: Ya. El Malasaña de los noventa.

Cantan “No puede caber aquí”…

V: Que tiempos y qué enganchadas a todo estábamos…

A: Tú tenías ese idealismo trasnochado que me hacía tanta gracia. Robaste más de 1000 litros de Champán Monet a aquel narco justo antes de que lo metiesen en el trullo.

V: Pensaba que era cocaína…Y ni siquiera me lo quedé.

A: No, claro. Tú tenías tus valores, repartiéndolo gratis entre los drogadictos y las putas a lo Robin Hood…

V: Pues sí, entre la gente que de verdad lo necesitaba… incluida tú.

A (burlona): Gracias, Victoria Fox. Eres increíble…

V: (en alto) No pensabas eso cuando te recogí en la calle, te metí en la casa okupa de San Bernardo y te acompañaba cada día a alcohólicos anónimos…

A: ¡Baja la voz!

V: ¿De verdad quedó todo tan atrás? Pues qué suerte, hija. Te envidio, la verdad.

A: Si… soy como el típico nazi, ese que ha mandado a la cámara de gas a miles de personas. Un buen día aparece en las noticias porque acaban de encontrarlo en un pueblecito perdido de Alemania. Ahora es un viejecito bonachón que tiene montada una guardería de niños. A los que acumulamos varias vidas dentro de nuestra vida muchas veces nos cuesta enterrar a las personas que fuimos. ¿No nos merecemos de una vez una vida normal?

V: Bueno… ahora parece que lo has superado, por lo que veo. (señala su embarazo)

A: (triunfal) Sí. Lo he conseguido. Estoy preñada.

V: Me acuerdo de la época de Malasaña. Las dos queríamos. Las dos pensábamos que eso nos iba a salvar.

A: Tú siempre ibas con un Predictor en el bolso.

VICTORIA echa mano de su cartera y saca un predictor de ella.

A: ¡Todavía andas con eso! Virgen…

V: …Santa. Lo estoy intentado ahora por inseminación artificial. (la mira)

A: Ah, no. No. Yo todo natural. Me quedé de un amigo. Pero vamos, que el crío va a ser mío. Nunca me atreví con eso los espermatozoides congelados. No se. Me da grima.

V: Eso es una chorrada. (triste) Pero bueno, yo no tuve suerte. Tres abortos naturales en dos años. A ver si la próxima…

A: Desde luego, chica, tú todo al revés. Las fecundaciones las tienes artificiales. Y los abortos… ¡naturales!

VICTORIA esta vez no puede contener la risa.

A: Anda, bébete la sopa antes de decidir si vas a arruinar la vida mía y la de mi hijo.

VICTORIA la mira perspicazmente.

V: Oye ¿y por qué tienes tú tanto interés en que me beba la sopa?

A: Por nada. Porque te la bebas y eso…

V: (perspicaz) No puede ser…

A: No puede ser el qué.

V: ¿Tú te acuerdas por qué te echamos de la casa okupa?

A: Victoria, ¿es necesario que hablemos de eso ahora? Se supone que ya no somos esas dos mujeres. Parece que te empeñases en remover la mierda. Estamos aquí, sentadas por primera vez, charlando. El destino nos ha puesto …

V: Te eché de la casa porque me measte en la maceta de mi planta favorita. Aquella planta era la única herencia que mi madre me dejó en su lecho de muerte.

A: ¡Y la bolsa de naranjas lo primero que yo tenía a mano cuando te vi en aquel Carrefour!

V: Yo tenía aquel poto precioso. Lo cuidaba todo los días, le hablaba. A mi nunca se me han dado bien las plantas.

A: Ni las plantas ni nada.

V: Pero aquel poto… ¡cómo tenía el poto!

A: Anda, corta el rollo, cualquiera que te oiga…

V: Y tú lo mataste. Te pillé meando en la maceta.

A: Pues sí. Tú me acababas de quitar a Roberto. Por eso lo hice.

V: ¿Roberto? ¿Y Roberto valía más que el recuerdo de mi madre?

VICTORIA levanta en el aire el consomé.

V: Dime por qué insistes tanto en que me tome la jodida sopa.

A: Ya te lo he dicho y te lo repito: por nada.

V: Pues yo te voy a decir ahora mismo por qué. Cuando he entrado al restaurante me has visto desde la cocina y te has dado cuenta de que era yo… Y ni me imagino cómo te las habrás apañado pero una cosa la tengo clara: has meado en mi sopa.

A: ¡Por favor! Tú estás fatal. Te has metido demasiada mierda en la otra vida, chica.

V: Luego has venido hacia aquí, disimulando, disimulando mal, porque si tú tienes un problema es que a ti siempre se te ha visto venir, perdona que te diga. Claro, que entonces no sabías que yo era la crítica de Michelín, pero has hecho como que te sorprendías… ¡y todo para colarme la asquerosidad de sopa meada esta!

A: Estás loca.

V: Sí. Estoy tan loca que ahora mismo voy a levantarme y llamar a tu jefa. Voy a decirle quién soy, y a decirle también que has meado en mi sopa. No sólo perderás la estrella de la guía Michelín, que ya de por sí no pensaba dárosla con la mierda esta de cocina ecléctica impresionista, sino que además pienso meterte un puro que te vas a cagar. Has atentado contra la salud pública y óyeme, me da igual lo preñada que estés, ni tu nuevo intento de empezar una nueva vida…

A: ¡Victoria! Si haces eso, yo voy y le suelto a tu jefe dos o tres cositas de tu época de Robin Hood de los poblados que seguro le van a resultar la mar de interesantes.

V: (se sienta, burlándose) Tómate la sopa, tómate la sopa… ¡serás zorra! ¡Confiesa! ¡Has meado! ¡Lo has hecho!

A: Eso no lo puedes probar. No lo puedes probar.

Algo se ilumina en la cabeza de VICTORIA. Abre el bolso.

V: O puede que sí lo pueda probar…

A: ¿Qué?

V: Pues eso. Que tengo el Predictor.

AMPARO abre mucho los ojos.

A: Debes estar de broma… tienes que estar de coña…

VICTORIA saca el Predictor y lee el prospecto.

V: Exactamente un minuto y…

A: ¡Vas a hacerle un test de embarazo a una sopa!

V: Si diese positivo, o este es el primer consomé de colibrí en estado de buena esperanza de la historia, o resulta que, mira por donde, has meado en la sopa.

Sin apartar los ojos de los de AMPARO, VICTORIA abre el Predictor, lentamente.

A: No. No lo hagas. Todos… nos están mirando. No lo hagas, por favor.

VICTORIA introduce el artefacto en la sopa.

V: Bueno, tenemos un minuto… ¿tienes algo que confesarme?

A: Esto es… surrealista. Además, estos trastos suelen fallar…

V: (leyendo el prospecto) “Certeza total… un noventa y nueve por ciento de índice de acierto”

A:¿Y si… no sé… la colibrí estaba embarazada? La sopa lleva huevo, a lo mejor el huevo da un falso positivo.

V: Treinta segundos y por Dios que me tiro a cogerte de los pelos así sea lo último que haga en esta vida.

A: Victoria ¿Vas a echar por tierra todo lo que hemos hablado?

V: Quince segundos.

A: Estoy segura de que tiene que haber otra forma de solucionarlo…

V: Cerda hija de la gran puta. (con rintintín) Tómate la sopa, tómate la sopa. Y yo desnudando mi alma ante ti. Cinco segundos.

A: Vale. He meado en la sopa.

VICTORIA aprieta los puños. Las dos se miran. La tensión es total.

V: No te puedes hacer una idea de cuanto te detesto, Amparo.

A: (en un arrebato de ¿amor-odio?) Ni la mitad de lo que te detesto yo a ti, Victoria y nunca voy a dejar de hacerlo. ¿Sabes por qué? Porque por desgracia esa debe ser ya parte de mi razón de ser, porque odiarte es mi única constante, necesito hacerlo y esperar tu respuesta. Saber que tarde o temprano el destino nos volverá a unir y volveré a poder decirte: “TE ODIO”.

Se miran intensamente. VICTORIA sin apartarle la mirada coge la cuchara con suavidad, la mete en la sopa y se la lleva a la boca, bebe, la saborea.

V: Yo también.

Vuelve a beber otra cucharada, y otra, y otra. Deja la cuchara, se limpia la boca con una servilleta elegantemente. Victoria guarda el Predictor en el bolso, deja un billete encima de la mesa y se levanta.

V: Volveremos a encontrarnos, querida.

Amparo mira marchar a Victoria Fox.

A: Sí… volveremos a encontrarnos.





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