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viernes, 25 de febrero de 2011

EL TERMÓMETRO DE LA FALSEDAD

Existe un termómetro irrefutable a la hora de medir la falsedad de la gente con la que nos cruzamos en nuestras rutinas (que no solo son las de gimnasio, aunque sí, también) de cada día. Se trata de un pequeñísimo detalle a tener en cuenta.
Esto de los detalles tiene tela. Los que somos obsesivos y algo neuróticos, nos pierden los detalles. Quiero decir, que nos molesta muchísimo más que se vea, por ejemplo, el cursor del ordenador cuando estamos viendo una peli en la pantalla, nos distrae, nos irrita y nos retuerce las tripas mucho más el puñetero cursor que el hecho de que se esté cayendo el techo de nuestro living-comedor a pocos metros.
A lo que iba.
Hay un detalle para saber hasta qué punto la persona que te acabas de cruzar, hola qué tal, muy bien y tú, etc., hay un detalle para saber hasta qué punto es sincera o, por el contrario, le importas una mierda.
Claro que si eres neurótico, como decía antes, creo que te hago un flaco favor abriéndote el campo de los detalles para que te obsesiones todavía más con lo que te voy a contar.
En fin. Ahí va.
Siempre que alguien se te cruce y te salude, lo hará, por supuesto, con una sonrisa. No falla. Es como una marca de la especie humana, hay que sonreír porque si no es como si diésemos a entender que el que está enfrente no es bienvenido, que no lo toleramos, vamos, sería algo así como sacarle los dientes en el lenguaje perruno.

Bien. Te acaban de sonreír. Y tú has sonreído.
Si puedes llevar a cabo un sencillo experimento, si el sujeto en cuestión recién saludado sigue cerca, intenta continuar unos segundos atisbando de reojo sus facciones, concretamente, en este, caso, la boca donde se acaba de producir la tan mencionada sonrisa.
He ahí el termómetro al que hacía referencia. ¡Lo tienes ante tus narices!

Observarás que la sonrisa en la persona falsa, la que inmediatamente te borra de su mente después de sonreírte, se esfuma al instante. Como lo oyes. Te advierto que esto asusta un poco al principio. La sonrisa se borra de un segundo a otro de la cara, así, sin gestos intermedios, sin nada, plaf, un espanto, hasta resulta desagradable de ver.

En cambio, el que te ha saludado y te estima, actúa inconscientemente de una forma distinta. Claro, que el otro también lo hace inconscientemente. De eso se trata. Estamos hablando del inconsciente, por eso lo sucede es real, porque ni uno ni otro se da cuenta de nada.

La sonrisa del que te ha sonreído de verdad aguanta unos segundo en su boca.
La semilla ha caído en terreno fértil, en un alma buena y limpia, en una persona afín, y el proceso de su desaparición es lento, sosegado, cargado de sutiles buenas formas.
Para ser sincero, te diré que, si te quedas observando, no sabrás en que momento (es imposible de precisar) la sonrisa desaparece y el otro vuelve a adoptar su gesto de antes de verte.

Hala, a practicar.
Y espero no producir un tsunami de paranoia a escala mundial...

2 comentarios:

  1. Verdad o mentira, siempre estamos inmersos en la dualidad de la certeza. En la sonrisa verdadera se une otro factor, esa chispa imperceptible en el breve cruce de miradas con el desconocido, una confianza sin fundamento pero real y ajena a los artificiales dientes blanqueados de la hipócrita sonrisa social.

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  2. Falso.
    Mi pareja siempre se queja que tengo cara de enfadado... pero mi rictus en estado de relajación tiene cara de Jose Luís López Vázquez enfadado. No puedo evitarlo.

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