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jueves, 13 de enero de 2011

VIVIR EN MADRID

Hay un comentario que suele despertarme especial grima. De pronto te encuentras a Fulanito por la calle y te dice aquello de que está quemado de Madrid, de que hace tiempo que Madrid no le aporta nada, que tal y Pascual.
En mi modesta opinión, no creo que nadie sea capaz de quemarse de una ciudad. ¿Quemarse de una ciudad? ¿Qué coño es eso? Casi siempre nos quemamos de un pequeño círculo en el que nos encerramos o, en definitiva, nos quemamos de nosotros mismos. Y si esto pasa, lamento decirte, querido Fulanito, que la desgracia irá contigo a la ciudad que tú vayas, tu patria serán tus zapatos, como en aquella canción de El último de la fila.
En un momento dado de mi vida se me planteó la típica pataleta de hasta qué punto podría yo "realizarme" embutido en una gran ciudad como pueda ser la Capital de España, con sus vías abarrotadas y sus ritmos frenéticos. Y más para una persona como yo, con ciertas miras espirituales como metas en la vida.
Pues bien, ahora sé que sería muy fácil "iluminarse" dejándolo todo y encerrándose en un monasterio del Tibet donde no existiese ningún ruido que nos distrayese, donde no existiese ninguna tentación para los sentidos ni nada contra lo que enfrentarse y luchar.
El verdadero reto, la verdadera alternativa, es alcanzar un poco de paz viviendo en un lugar como Madrid. Joder, vaya que sí. Creo que, una vez consigues eso, no habrá sitio del mundo donde no puedas estar tranquilo.
El auténtico reto es alcanzar a sentirte libre en una ciudad que no te lo pone fácil, en un lugar ciertamente opresivo donde todo el mundo corre casi sin mirarse a la cara. Las ciudades son auténticas escuelas de aprendizaje, y si le pones empeño puede que al final aprendas a llevar tu llama bien recta a pesar de los huracanes. Aunque, caro, el peligro de un espantoso viaje a los infiernos siempre está ahí, como forma indisoluble del proceso.
Es aquí donde se practica y se demuestra nuestro valor, quedándonos para aprender cada día, sin renunciar a la gente que queremos, realizando la difícil tarea de cuidar de nuestros amigos, a nuestra familia.
La ciudad es un Master de aprendizaje para los que sabemos que este gentío apiñado es mucho más que un medio para conseguir dinero y relevancia social, diversión descabezada o fama.
En Madrid, como en cualquier otra ciudad, se cuece por debajo un caldo de cultivo ideal para desarrollar nuestros valores más importantes.
La cuestión vuelve a ser la de siempre: quedarse con lo superficial o rascar un poquito más en el asfalto para ver qué hay debajo.
Allá tu.

Dedicado a mi amigo Manu, que en su búsqueda jamás se conforma con lo superficial. ¡Esa es la actitud, Manu! ;)



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