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jueves, 20 de enero de 2011

LA ENTREVISTA ÍNTEGRA DE SHANGAY EXPRESS


Promocionar un libro (supongo que con un disco o una peli pasa lo mismo) consiste básicamente en repetir las cuatro mismas chorradas, adornándolas un poquito por aquí y por allá para que no parezca que te estás repitiendo como una cacatúa. En el caso de Shangay Expréss, he tenido la suerte de que el redactor Pablo Giraldo, me hizo una entrevista estupenda además de unas fotos muy buenas. Eso, unido al cariño que que tengo a la publicación y la repercusión tan grande que tiene, han hecho que estos días ande de tan buen talante.
Como siempre sucede cuando no hay demasiado espacio, la entrevista original fue reducida para adaptarla a la página, por lo que ahí va la entrevista íntegra para quien le interese.


- ¿Contar con dos padrinos de excepción como Alaska y Eduardo Mendicutti es cubrirse la espaldas?

Mendicutti es uno de los autores que más disfruto leyendo y Alaska es, simplemente, mi ídolo de la infancia. A Eduardo lo conocía ya, y Olvido se puede decir que, desde el principio, formó parte de la novela, pues tenía en mente todo el tiempo utilizar El maleficio de la duda para llegar a ella. El primer vinilo que me compré con catorce años fue No es pecado, y me pasé los siguientes meses frente al espejo haciendo el playback de La funcionaria asesina cuando me quedaba solo en casa. A veces pienso que mi ramalazo artístico comenzó a forjarse allí, frente al espejo, con una sierra eléctrica imaginaria en las manos y haciendo rodar cabezas. Pensé que Alaska no me contestaría cuando encontré la forma de hacerle llegar la novela. Al mes, recibí un mail que decía que no había podido dormir toda una noche hasta leérsela del tirón, y eso que estamos hablando de un ladrillo de quinientas páginas. El que no pude dormir las siguientes noche fui yo.

¿Cuál era la pregunta? Sí, me considero con las espaldas maravillosamente cubiertas.


- ¿Cómo de difícil resulta hacerse un hueco en el mundo editorial aun habiendo publicado anteriormente?

Es complicadísimo. Ha sido un trabajo a tiempo completo para conseguir llegar hasta donde estoy ahora y que la novela esté teniendo tan buena acogida. Pero bueno, como soy mega obsesivo, he canalizado en parte mi neurosis por ese lado. La parte de la promoción es todo lo contrario al momento plácido y solitario de la escritura. La criatura sale al mundo y entonces, como mister Hyde, tienes que convertir la introspección en proyección, comenzar a venderte a diestro y siniestro y no dejar escapar ni una. En definitiva, tienes que comenzar a hacer todas esas cosas que las editoriales no hacen por falta de medios, ya sabemos todos lo mal que está la industria editorial. Hacen falta nuevas ideas para vender libros. Por nuestra parte, decidimos sacarlo directamente en edición de bolsillo con solapas para que el precio apenas sobrepasase de los diez euros. A mi también me cuesta pagar veinticinco eurazos por un libro tal y como están las cosas.

- “El maleficio de la duda” supone, entre otras cosas, un retrato de Chueca diferente al habitual. ¿Otra Chueca es posible?

Chueca está en un punto muy delicado. Fíjate ahora las últimas noticias, hasta el Orgullo está en la cuerda floja, y eso que es la mayor fiesta de Madrid. Yo acabo de cerrar mi restaurante en Chueca por culpa de la crisis. Cuando abrimos, hace diez años, en el barrio comenzaban a florecer restaurantes de pequeños empresarios, lugares con encanto que tenían su propia personalidad. Entonces no había lugar para la franquicia ni para los grandes grupos hosteleros que ahora están jugándose el barrio al Monopoly. No tengo nada en contra de ellos, pero la realidad es que cada vez va quedando menos espacio para las propuestas originales. Las grandes marcas tienden a unificarlo todo, y en ese sentido creo que Chueca está perdiendo algo del genuino sabor de antaño.


- ¿Apostar por la novela negra es aprovechar el tirón o eres un aficionado de pro del género?

A pesar de que me considero un escritor comercial, sería incapaz de apostar por un género con el único fin de hacer caja. La novela negra o, más bien, la ciencia ficción y el terror son mis géneros literarios favoritos, donde me encuentro más cómodo a la hora de escribir. Con El maleficio de la duda me plantee llevar el género del terror a un lugar donde no suele ubicarse. Quería una historia con personajes densos, bien escrita, adulta y honesta. Quería hacer literatura de verdad en un género donde abundan las sagas descafeinadas y soporíferas de vampiros y zombies. Me puse como objetivo escribir un relato de terror que pudiesen leer mi madre y mi hermana, que detestan el género. Resultó curioso, porque en mi novela se aúnan el hiperrealismo más crudo de Bukowski con el realismo mágico de Gabo, mi escritor favorito. ¿Cómo se hace eso? Vaya, pues me tuve que romper bastante la cabeza. El resultado está ahí, para el que le pique la curiosidad.


- ¿Qué autores y novelas te han servido de modelo e inspiración?

Esta novela tiene tanto de Stephen King como de Los funerales de la mamá grande, de García Márquez. Fue un quebradero de cabeza hacer coincidir la poesía con la parte hiperrealista. Tenía muchas dudas de que fuese a funcionar, no por mi parte, porque siempre me he sentido muy seguro de la novela, sino porque nunca puedes preveer la reacción de la gente. Qué cojones, voy a serte sincero: a mi la novela me encanta. Ya sé que esto puede sonar creído y soberbio. Pero en una persona tan sumamente crítica y exigente como yo, tan acostumbrado a juzgar sin piedad lo que escribe, poder decir lo de antes resulta bastante tranquilizador. (risas) Soy mi principal crítico, eso lo tengo muy claro.


- Como el protagonista de tu novela, ¿Hasta qué punto es peligroso confundir alucinación, memoria e imaginación?

Como es natural, soy un defensor total de la fantasía como lugar donde habitar. Pero hay que tener cuidado con la mente. Creo que las personas nos hemos vuelto demasiado “mentales”. Este no es un tema sencillo. La mente es un instrumento increíble pero con funciones limitadas. La mente es sólo parte de nuestra percepción, que abarca muchas otras formas de ser conscientes. La mayor parte de la gente vive hipnotizada por la voz en la cabeza que les habla y les habla sin parar, y que confunden con su verdadera identidad. No lo es. Aprender a dejar la mente quieta y suspender el pensamiento cuando no es necesario creo que es, en estos momentos, el mayor reto de la humanidad si queremos cambiar las cosas desde dentro, algo absolutamente necesario teniendo en cuenta cómo está el mundo. Como escritor y como persona, me debato entre mi fascinación por el lenguaje de la mente y mi necesidad de acallarla para lograr vivir el momento presente sin nada que lo empañe.


- ¿Hay algo de reivindicativo o de llamada de atención en esa bajada a los infiernos de la droga de Bastian que retratas, algo tan habitual en un barrio como Chueca?

Bueno, la cocaína está ahí, en Chueca y en todas partes. El tema de la droga es complejo. Si tuviera que aconsejar a alguien entre droga sí o droga no, en general, elegiría la segunda. Digo en general porque me da la sensación de que la gente utiliza la droga de una forma frívola y peligrosa, a un nivel puramente recreativo. Por otra parte, hay cientos de sustancias y cada tiene sus particularidades y yo, menos esa que sirve para abonar las orquídeas, las he probado todas. Creo que si estás preparado y tienes suficiente madurez, ciertos tipos de droga pueden ayudarte a percibir la realidad desde otros puntos de vista. En ese caso te diría: adelante, hazlo. Mucha gente vive con esa visión del mundo dictada desde los púlpitos de las iglesias o en los debates televisivos, esa visión tan triste y tan chica de lo que es la existencia.


- Bastian, un escritor en plena sequía creativa con demasiados problemas con uno mismo… ¿Hasta que punto utilizas al protagonista como tu alter ego?

Bastian soy yo de principio a final, de la misma forma que soy yo cada uno de los demás personajes. Para mí la literatura solo tiene sentido como una forma honesta y seria de hablar de uno mismo. Escribo lo que soy y soy lo que escribo.


- ¿Hay algo en ti que responda a ese cliché del escritor de novela negra torturado?

Que va, tengo muy poco de escritor torturado, entre otras cosas porque sé que nosotros somos nuestros únicos verdugos, y yo procuro ser benévolo conmigo mismo. Otra cosa es que pueda ponerme en la piel de un escritor que las pasa canutas, porque yo las paso canutas por otros temas. Por ejemplo: lo que más me saca de quicio en la vida es el maltrato animal. Aunque soy consciente de que quizá ése no sea nuestro principal problema, visceralmente no existe nada que me toque más. Es increíble la falta total de derechos de las otras especies con las que compartimos el planeta, es tristísimo, hay que estar de verdad muy desconectado de uno mismo para sentarse en una grada a ver como torturan a un animal tan noble como un toro, un animal que solo espera de la vida pacer con tranquilidad en el monte que lo vio nacer. ¡Y que luego encima llamen a eso “cultura”! Repito, no quiero entrar en el debate, no quiero perderme en argumentos mentales, solo te digo esto: el que no se cuenta de que infringir dolor a otra criatura no está bien, simplemente es que es una mala persona.


- El maleficio de la duda” se puede definir como un viaje introspectivo, una vuelta a la infancia más truculenta, “una experiencia redentora” en palabras de Mendicutti. ¿Ha supuesto algo de catártico enfrentarse a uno mismo?

En una segunda lectura, el Maleficio de la duda es una novela que habla sobre el perdón. En este caso, el perdón a los padres. Creo que en la edad adulta a todos nos corresponde el trabajo de echar la vista atrás para comprender y perdonar a los que influyeron sobre nosotros cuando éramos niños, pues entonces no teníamos la suficiente capacidad para hacerlo. Personalmente, he utilizado la terapia psicoanalítica para comprender y perdonar a los que me hicieron daño sin querer.

- Caballos mutilados, matas de pelos de lo más ubicuas, mirillas misteriosas… ¿De dónde te salen todas esas perversiones con esa cara de buen chico?

¿Cara de buen chico? Bueno, eres el primero que me dice eso. La verdad es que soy bastante bueno, sí. O, mejor dicho, que tengo bastante capacidad de empatía, de ponerme en el lugar del otro. ¿De donde salen esas cosas horribles? Bueno, como dijo Alaska en la presentación, “la vida da un miedo horrible”, y es verdad. Estamos habituados a convivir con el terror, y hemos desarrollado una capacidad de pasar de refilón por su lado, casi sin despeinarnos. Vamos por ahí con la sensación de que eso no va con nosotros, de que eso no puede pasarnos… hasta que nos pasa. No hay más que poner el telediario o salir a la calle para saber de dónde vienen esas cosas horribles por las que me preguntas, y el que no lo vea es que está más muerto que alguno de los zombies que pueblan mis relatos.

¿Qué próximos proyectos te esperan?

El proyecto más cercano es el estreno este mes de una pequeña obra de teatro escrita por mi y dirigida por Sonia Sebastián titulada SOPA DE COLBRÍ, basada en una parte de El maleficio de la duda. Se estrena el 24 en la sala de microteatro POR DINERO, una de las propuestas más originales y con más magia que existen en el barrio de Malasaña. Y lo mejor de todo es que está protagonizada por Celia Freijeiro, mi actriz favorita. Espero encontrarme con todos vosotros allí!



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