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viernes, 23 de diciembre de 2011

EL CAMINO DE LA FELICIDAD




Acabo de terminar de leer el libro cuyo título coincide con el título de este blog.
De Jorge Bucay.
Este hombre gordito y bonachón como un Papá Noel sin disfraz siempre me ha caído bastante bien, en parte porque tanto se parece fisicamente a Pepe, mi terapeuta gestaltista con el que tantas cosas aprendí en su día. Bucay también es terapeuta de la Gestalt, esa forma de entender el psicoanálisis tan activa, tan teatral, tan cercana y receptiva con tu terapeuta (hasta el punto que él debe también abrirse a ti y contarte parte de sus problemas y vivencias con el fin de que se produzca el correcto intercambio).
Bucay tiene otros libros infumables, como aquel de Cartas para Claudia, errático en exceso, happyflower hasta la cursilería, pero se le perdona por haberlo escrito cuando todavía era muy joven.

EL CAMINO DE LA FELICIDAD es la culminación de otros tres libros (Camino de la autodependencia, del encuentro y de las lágrimas), este último (el de las lágrimas) a mi parecer el más interesante, y que habla de los duelos. De los grandes duelos y de los pequeños duelos de cada día, y de cómo elaborarlos para que no queden puertas abiertas detrás nuestro, puertas por las que, por experiencia, pueden colarse esos monstruos que nos aterrorizan la vida.

Bucay ha escrito tantos libros sobre cómo mejorar la vida de uno, que uno a veces se mosquea y le da la sensación de que son demasiados, de que la lía para sacar de donde ya no hay. Como si, después de escribir diez libros buenos, tuviese que escribir uno que confundiera a la gente, que hiciera que la gente se deprimiese para así poder escribir otros diez para volverte a arreglar la vida.

EL CAMINO DE LA FELICIDAD plantea ideas interesantes como el error de identificar la felicidad con el éxito, o equiparar la felicidad con el placer, o creer que el amor de la media naranja alcanza, o el error terrible de intentar escapar del dolor (que no del sufrimiento), cuando el dolor es precisamente el mayor maestro en nuestro recorrido por la vida.
Finalmente, ahonda en la idea de identificar el sentido de tu vida, es decir, cual es tu meta y para qué vives, algo que en principio parece muy obvio hasta que te paras a pensar en ello y te das cuenta de que tus objetivos están bastante más desdibujados de lo que piensas.

Llevaba tiempo si escribir dando los retoque a mi novela nueva LA RAYUELA ESPIRAL, que ahora mismo se están leyendo las editoriales. LA RAYUELA ESPIRAL es mi mayor tesoro en estos momentos, mi pequeña gran criatura y lo mejor que he escrito hasta la fecha, y creo que me costará bastante superarlo, si es que llego a hacerlo algún día.
Hablaré próximamente de ella, y mucho.

Es Navidad, tiempo de estar con la gente que queremos, y os deseo todo el cariño que os merecéis en estas fechas. Es increíble el tiempo que pasamos intentando agradar y obtener el reconocimiento de la gente que forma parte de nuestro día a día y en verdad no nos importa, comparado con el tiempo que dedicamos a agradar y agasajar a las cuatro o cinco personas que DE VERDAD amamos. En mi caso, reflexionando después de leer este libro de Bucay, he llegado a la conclusión de que una de las cosas para las que vivo (y sólo tengo tres cosas para las que vivo) es cuidar de la gente que quiero. Parece obvio, parece una tontería, pero llegar a esa conclusión me ha recolocado de pronto en un lugar diferente dentro de mi propia vida.

UN BESO ENORME Y FELIZ NAVIDAD.

martes, 20 de diciembre de 2011

Gracias Geraldine, Jorge de Maldita Nerea y mi adorada Alaska!

De todas las fotos de la gente que ha leído EL MALEFICIO DE LA DUDA, esta es una de mis preferidas:






Y esta de Maldita Nerea.







Y con mi diva favorita:





Viva Cervantes!

Orgulloso de haber ganado el primer premio del certamen de teatro breve de la Sociedad Cervantina. Aquí, recibiendo el premio de la mano de Luis María Ansón.



jueves, 8 de septiembre de 2011

Mi eriza DEMOCRACIA





Ahí va la fotillo de mi eriza DEMOCRACIA (Democracia por lo espinosa) para el que todavía no la conozca. Estos días me ha dado por pensar en ella. DEMOCRACIA es una eriza tierna y esquiva, siempre te ofrece sus espinas como recibimiento hasta que, al poco, comienza a olfatearte saliendo paulatinamente de su ericismo para al final tocarte con su naricilla siempre húmeda.

Me encantaría que fuese más sociable, pero no deja de ser un roedor. Para colmo, DEMO es nocturna, y yo dejé de ser nocturno (no me sentaba nada bien a la piel) más o menos en la época que cumplí los treinta años (o sea, hace nada). Recaer en la nocturnidad sería tan alevoso y tan malo para mi que prefiero darle el coñazo durante el día, despertarla, soltarle algún escarabajo (le pierden) que ella se apresura a devorar, o jugar con ella a SONIC (de Sega) en cuanto se relaja y echa patrás las espinas.

Pero claro, yo siempre espero un poco más de ella. Esperar más de las personas queda mal, todo el mundo te lo recrimina y te hacen sentir como un idiota manipulador. Así que yo doy rienda suelta con los animales, aunque luego acabe decepcionándome. Lo mismo me pasaba cuando de pequeño adoptaba un muñeco relleno de alpiste con la esperanza de que si lo quería, si llegaba a quererlo mucho mucho, el Piolín de trapo se convertiría en un Piolín de carne y hueso (qué miedo).

DEMO pertenece a un tipo de erizo domesticado (no al autóctono de la península) que viene de Marruecos y es más dócil, más pequeño y menos arisco a pesar de su espinosa e ineludible naturaleza. A veces pienso que si las personas tuviésemos las espinas ahí, agarradas a la piel, si las espinas fuesen un elemento físico que pudiésemos sacar por derecho propio, nos ahorraríamos bastantes neurosis, todos esos comportamientos esquizoides que derivan de la maldición de tener la coraza de espinas interiorizadas en el alma, metidas por dentro en la carne. Pero bueno, este no es el tema.

Al igual que cuando era pequeño, ahora con argumentos quizás algo más realistas que aquellos que pretendían dar vida a un muñeco inanimado, tengo la secreta intención de que DEMOCRACIA llegue con el tiempo a ser tan dócil y cariñosa como mi perrita OFELIA. ¿Por qué no? 

Averiguando a lomos del google, revisando la historia de los canes, me entero que la domesticación de los lobos debió acontecer hace unos diez mil años. La cosa, resumiendo mucho, sucedió más o menso de esta manera. Nos encontramos ante la típica hoguera del hombre primitivo que sobrevivió a las glaciaciones. Algunos de estos lobos, todavía salvajes, rondan el fuego vigilando a ese grupo de homínidos que celebran la cacería con un fantástico banquete. Los lobos más dóciles se agolpan a pocos metros de ellos. La selección natural de la especie comenzaba así a favorecer a los lobos menos agresivos, a aquellos que vencían el miedo y se atrevían a retozar cerca de la gente. Puede que incluso hubiesen ayudado a los hombres a pastorear los venados que en aquellos momentos se asaban en el festín. 
Una de las personas congregadas arroja entonces un hueso con restos de carne a uno de esos simpáticos animales, sin saber que de esta forma sellará un pacto que perdurará diez mil años más tarde.

Supongo que fue un proceso lento de adaptación, de supervivencia de los canes más dóciles y cariñosos que luego se cruzarían a voluntad del hombre con el fin de obtener cientos de razas específicas. Pero tampoco dudo de que en todo este largo proceso de domesticación y acercamiento al ser humano, halla habido algún individuo lobuno en particular muy adelantado a su época que, desde el principio, entendiese las órdenes de su amos, supiese dar la pata y defendiese los rebaños de posibles invasores, sintiese una devoción innata por su dueño, esa lealtad a prueba de bomba marca de la casa. Un individuo que diese lugar a leyendas y cuya historia sobreviviese a las generaciones.

Y yo digo: ¿por qué mi eriza no?

He de suponer (difícil) que si a partir de ahora se estableciera un profundo vínculo de necesidad entre los erizos y los hombres, vaya usted a saber por qué extraña razón, dentro de diez mil años los erizos serían para las personas lo que hoy son los perros. 
Me encanta la idea de que DEMO pueda saltarse millones de años de condicionamiento erizo, despierte su consciencia (sí, señores, los perros tienen consciencia), evolucione en pocos meses y concluya su periplo iniciático cuando, dentro de un año, le de por atender a su nombre, vigile mi sueño (ella que es nocturna), se enfrente con sus espinas a cualquiera que quiera invadir mi propiedad o desarrolle cualquier otra cualidad impredecible inherente a su genética como, por ejemplo, la capacidad de absorber las ondas nocivas de mi ordenador, esa cualidad que dicen que tienen los cactus.

Por si acaso, por lo que pueda pasar, yo me siento en la mesa a comer, sin hoguera ni nada, y la dejo que pulule por la superficie, a ver qué hace, a ver si se me arrima. He desistido a la idea de comer saltamontes o escarabajos para (como con los lobos) poder arrojarle a ella parte de mi festín con el único propósito de estrechar lazos, qué quieres que te diga, por eso sí que no paso.

DEMOCRACIA se detiene y me mira de reojo. DEMO y yo mantenemos una relación de reojo, un tipo de amistad sobre la que tengo varias teorías, y que ya desarrollaré en otro blog. 

Me mira de reojo y parece que repara por primera vez en mi. 

Yo me pongo nervioso, consciente de que puede que en este momento esté sucediendo sobre mi mesa un salto exponencial cuantitativo en la evolución de dos especies tan lejanas como el hombre y el erizo.

Qué nervios. No sé qué hacer. 

DEMOCRACIA entonces me mira y por un momento tengo miedo de que esté esperando a que yo de el siguiente paso, como si el que tuviese que evolucionar fuera yo y no ella.


martes, 30 de agosto de 2011

EL MUNDO QUE VIENE

El mundo está revolucionado, de eso no hay duda. Joder, pero muy revolucionado. Los estados de ánimo se encuentran exaltados, que si el Papa, que si el 15M, que si el cambio de gobierno, que si Nacho Polo, que si la crisis.
Podemos ponernos a debatir cada tema y supongo (qué pereza) que no queda más remedio que hacerlo, pero como he dicho otras veces, un tonto es capaz de formular muchas más preguntas de las que mil sabios son capaces de contestar. Vamos, que la cosa no tiene fin, y más a la hora de demostrar lo informados que estamos, cuánto sabemos, etc.
Con esto quiero decir que, en esta revolución que ya está aquí, no cabe duda que una parte del cambio pasa irremediablemente por el debate y por dar rienda suelta a la mente analítica que tanto nos gusta, si bien la revolución más grande, como vienen anunciando desde hace tiempo varios sectores más espirituales de la sociedad, en realidad tiene más que ver con un cambio profundo de consciencia.
Un cambio de consciencia. Vaya.
Y en ese cambio, lejos de intervenir la mente, sucede todo lo contrario. Aprender a utilizar este juguete maldito (la mente) que a nivel evolutivo ha aparecido en este planeta hace tan poco (casi se puede decir que la mente está en pañales) es una tarea pendiente para las personas. El poder de racionalizar, de conceptualizar, de ponernos en el lugar del otro, de imaginar el futuro y tener tan presente siempre el pasado, ha surgido hace unos varios miles de años en un planeta de miles de millones. Y no olvidemos que la mente (esa que nos hace sentir tan poderosos, tan dueños por derecho propio del mundo) fue creada por ese mundo idiota de plantas que no saben pensar y animales que no saben pensar  y piedras y mucha lava que no sabe pensar, todos esos fenómenos naturales que aparentemente no poseen nuestra "inteligencia". ¡Nos sentimos tan orgullosos de nuestra inteligencia que casi parece que la hubiésemos fabricado nosotros! Se nos llena la boca cada vez que decimos eso de "animales inteligentes", sin darnos cuenta que fue ese mundo inerte de cosas que no piensan ni sienten el que nos parió.

La mente crea separación. Con todas sus cosas buenas y maravillosas, a pesar de ellas, la mente nos ha hecho creer que somos cosas separadas del resto. Personas separadas de personas, de animales, de plantas y de esas piedras que un buen día decidieron fabricar (dar paso) al ser humano. Y ahí estamos, batallando, queriendo cambiarlo todo desde la periferia, con violencia, con imposturas papales, sin darnos cuenta de que el cambio, para que sea real, tiene que venir de dentro. Y que no pasa por la mente. Porque sentimientos como la paz, el amor, la alegría y la identificación con el otro no surgen del pensamiento, es más, tamizados por la mente se vuelven sensaciones superfluas como la "felicidad" (esa que tan poco dura al depender de factores exteriores siempre inestables), el sentimiento de posesión del otro, etc.

Observando lo que está sucediendo en el mundo, siento la misma pena y el mismo dolor que cualquiera. Pero quizá no la misma rabia, las mismas ganas de salir a la calle a cortar cabezas que tienen muchas de las personas que veo a mi alrededor. Llegar a creerse que uno es "el bueno" y que los demás (el Papa, Zapatero, los americanos, el asesino de Oslo) son "los malos" es un bálsamo estupendo para enardecer nuestra identidad de seres que van por el buen camino, pero quizá nos encontremos un tanto desenfocados.
Bastaría pensar que todos somos iguales, y que si tú hubieses nacido en las mismas circunstancias que la persona que tanto detestas, contra la que proyectas tu odio, si tú hubieses tenido exactamente la misma genética y la misma vida y el mismo barrio y los mismo padres, tú serías exactamente igual a ella.
De la misma forma, si tu pueblo hubiese tenido el mismo recorrido histórico y vital que el pueblo americano, ahora seríamos nosotros la primera potencia mundial, irremediablemente. El joven idealista y solidario del 15M es idealista y solidario porque le ha tocado un curro de mierda y una vida de posibles precariedades. Si hubiera nacido en Marbella y su padre hubiese sido el novio de la Pantoja, seguramente la vida le habría llevado por otros derroteros.
¿Qué se desprende de aquí?
Cuando veo el mundo, el mundo en general, con todo lo que está sucediendo, las cosas malas y las cosas buenas (que también hay muchísimas, basta con mirar a nuestro alrededor y dejar por un rato de quejarnos por todo) me da la sensación de que ese mundo no refleja ni más ni menos que lo que hoy en día es el ser humano.
Sí, el ser humano. Tú. Yo. El vecino y el que vive en China.
Es como si a cada país le hubiese tocado desarrollar un aspecto (en líneas generales, por supuesto) de la condición del ser humano actual, de su actual estado de consciencia. Sería estúpido pensar lo contrario. Si existe, si se da, es que forma parte de la condición humana, es que forma parte de nosotros. La ira y la violencia de ciertos países árabes refleja nuestra parte violenta llevada al extremo, el pueblo americano quizá nuestra ambición e indiferencia por los demás (la tenemos, la tenemos todos) , el Vaticano nuestras ganas de creer en algo fácil, en ese perdón que se puede comprar para poder seguir siendo malos con buena conciencia, La India puede que nuestra parte más espiritual. Podría seguir así horas, con más o menos acierto, vuelvo a repetir, generalizando.
Porque lo que estoy intentando decir con palabras, claro, no se puede pensar.
Lo más parecido que puedo decir (una flecha que apunte a ese lugar donde se encuentra la verdad) es que el mundo, con toda la raza humana, con sus millones de culturas, no es ni más ni menos que una radiografía de lo que es el ser humano como individuo, y de eso no nos salvamos ninguno, de ese reflejo de todo lo que somos y todo lo que podemos llegar a ser llegadas las circunstancias.

Por eso, basta una mirada a lo que está sucediendo para tener una imagen clara de cuales son nuestras características básicas (al día de hoy) como raza. Una visión que nos sirva para aprender más de nosotros, para descubrir lo que falla, lo que se oculta más o menos latente en nuestro interior, y no tanto para echar la culpa a "los malos" de esto y de aquello. Y con esto no quiero decir que muchos no tengan la culpa de lo que sucede, por supuesto que no, claro que la tienen. Y es deber de todos intentar cambiar las cosas, pero quizá de otra manera. Quizá la certeza de que cada uno de nosotros hubiera actuado igual encontrándose en los zapatos del otro nos haga mirar el mundo con las mismas ganas de cambiarlo pero sin esa rabia sorda que genera violencia y que no hace más que potenciar la otra parte, pues está más que demostrado que la confrontación violenta no hace si no reforzar la postura del agredido.

Y esto ¿cómo se hace?
Esta mente que tenemos a nivel evolutivo "en pañales" no dudo que dentro de muchos miles de años llegue a su madurez y pueda cumplir la función para la que un día surgió en el planeta. Tengo mi teoría sobre lo que resultará de esta mente prodigiosa, aunque no es lugar aquí para divagar tanto. Pero no olvidemos que la consciencia es mucho más grande que la mente. Podemos sentir y percibir sin la voz que no para de hablar en la cabeza, y de hecho las cosas más auténticas (vuelvo a citar el amor, la paz, la contemplación, la alegría) cuando son auténticas no surgen del monólogo mental sino del silencio.

Intentemos pues mirar al mundo como una representación de lo que todos somos, de nuestras miserias y nuestros más grandes actos de nobleza. Miremos sin sentirnos separados para intentar comprender y apaciguar la rabia. Y después, cuando ya hallamos comprendido (yo el primero), quizá llegue el momento de utilizar la mente y la inteligencia para diseñar el plan del futuro que está por venir, eso sí, sin la carga de negatividad y odio que percibo cada vez más en la gente que me rodea.

El problema de vivir enfadado por las circunstancias sociales es que , al final, estamos fabricando con nuestra visión una realidad que responda a esas mismas expectativas. Comenzar a mirar las cosas buenas, a desenfadarnos y a darnos cuenta de los tesoros que nos rodean, de esa libertad última que subyace en nuestro interior que nadie es capaz de arrebatarnos, que la crisis a nivel mundial es únicamente económica pero que nuestros valores permanecen intactos para cualquiera que quiera encontrarlos y desarrollarlos, es parte fundamental para que el mundo que nos rodea comience a reflejar todas esas cosas buenas.


Para mi amigo Fernando Gomez, con todo mi cariño.

miércoles, 1 de junio de 2011

Mi mayor invento: el telefonillo móvil.

Tendrían que inventar el TELEFONILLO MOVIL.
Sería igual que el telefonillo del portal de tu casa, el de toda la vida, pero móvil.
De repente vas por ahí tan tranquilo y te sobresalta ese sonido espantoso, irritante BEEEEEE BEEEEE y todo el mundo se te queda mirando, sacas tu telefonillo móvil del bolsillo, muy dignamente, como si fuera el IPHONE, bueno, un poquito más grande, alargado, un telefonillo de toda la vida, vamos:
¿Diga?
Y oyes: Soy yo, abre.
Y tú, que tienes un telefonillo móvil pero no un videoportero le dices: Pero quien eres.
Y te dicen: Yo, hija, yo, la Paqui.
Ah, Paqui, te abro.
Y aprietas el botón un par de veces con fuerza:
¿Abrió Paqui? ¿Abrió?
No, te dice la Paqui, dale, dale otra vez.
Y le das otra vez y entonces piensas: coño, la Paqui subiendo a casa y yo en la planta de pequeño electrodoméstico del Corte Inglés, para qué coño la habré abierto...

martes, 24 de mayo de 2011

EL ORIGEN DEL 15M

Me hace mucha gracia cuando oigo a algunas personas hablar acerca de los que sucede en la puerta del Sol en estos días. Ni siquiera los sociólogos son capaces de otorgar un nombre y una definición (sociológica, quiero decir) al movimiento que aglutina a miles y miles de personas en la calle. Sobre todo, se habla de sorpresa. Y hoy quiero explicar aquí por qué para mi todo esto no ha sido una sorpresa en absoluto, o por lo menos no me he sorprendido tanto como el resto de la gente.

Conocía a Javi hace ahora un año. Bueno, a decir verdad, la primera vez que vi a Javi fue en el pantalla del teléfono móvil de Carlos Alberto Biendicho, aquel personaje genial con quien, fíjate las casualidades, acabé compartiendo casa durante cuatro meses, nos peleamos, y más tarde falleció de cáncer sin que pudiera despedirme de él. De Biendicho solo diré que llevaba siempre puesta una chapa en la chaqueta en la que podía leerse MONTO POLLOS. Biendicho montaba pollos, sí. Los montaba en la caja del Corte Inglés, en las manifestaciones por los derechos de los gays, de los militares gays, de cuantas campañas si hicieran para prevenir el VIH. Biendicho perteneció durante años al partido popular, y fue el que dijo en los medios que Rajoy era gay, y que antes de comenzar en la política la llamaban LA TROTONA DE PONTEVEDRA, que por cierto tiene dedicada (Rajoy) una página en el facebook con ese nombre.

Biendicho fue quien, al poco de venir a vivir a mi casa en la calle Estrella, me presentó a Javi. Pocas personas han llegado con tan buen pie a mi vida como mi amigo Javier. Aquel chaval de 24 años me descolocó por completo. Macarra hasta decir basta, abanderado de su barrio de Vallecas, cultísimo a pesar de su corta edad, combativo a más no poder, repartía su vida entre un trabajo tedioso y su otro curro en un sindicato de trabajadores al que le dedicaba muchas horas y por el cual no cobraba ni un duro. Por lo demás, sorprendía su elocuencia al hablar de política, su compromiso social que rallaba la obsesión, sus ganas de ayudar a la gente, su ansia de justicia social para barrios periféricos como el suyo donde tanta gente vive puteada.

Javi, además, estaba día sí día no en manifestaciones más o menos organizadas de cuatro gatos (a veces más) que acababan montándola en medio de la Puerta del Sol o frente al ayuntamiento, movilizaciones a las que yo nunca fui ni acababa de entender. Pero él nunca se cansaba. Javier el pancartero. Me hablaba de conseguir una democracia real, de igualdad, de progreso, de libre acceso a la cultura, del reparto de los bienes, de lo bien que podría vivir todo el mundo si el dinero no estuviese solamente en manos de unos pocos. Me hablaba del derecho a la vivienda, a la participación política del pueblo, me hablaba de unos políticos corruptos que no nos representaban y de cómo nuestra voz no alcanzaba a las instituciones facilitando la participación política ciudadana mediante cauces directos con el fin de procurar el mayor beneficio social. Javier también me decía que existía mucha gente como él, mucha gente joven, gente formada, con cabeza y con cojones, gente que quería cambiar las cosas porque no creía en el sistema.

De Javi vi por primera vez el documental ZEITGEIST, donde se desmonta con facilidad la falacia de la religión católica, donde se explica con pruebas directas como el 11S fue una maniobra del gobierno de EEUU para tener una excusa para invadir Irak, o cómo son los banqueros los que realmente dirigen y mandan sobre los políticos de todo el mundo. Pasábamos las tardes de verano en casa, tumbados viendo documentales como aquel otro argentino sobre el TRUEQUE, que sucedió en el año 2002 cuando cuatro millones de argentinos afrontaron la peor crisis de la historia integrándose en clubes de trueque, cubriendo así sus necesidades básicas sin trabajar para nadie, hasta que el mismo gobierno se los cargó por ir contra el sistema. O eso otro documental sobre la OBSOLESCENCIA PROGRAMADA, donde destripan una impresora para enseñarte el chip que llevan todas las impresoras para marcar "error" cuando llevan ciertas horas de funcionamiento con el único fin que la tires a la basura y compres otra, pues esta es la única forma de que nuestro sistema de consumo siga hacia adelante con toda su evidente insostenibilidad.

Javi me hablaba, me hablaba. Javi pensaba poco en sí mismo, vivía para los demás, para luchar por los cambios necesarios que solucionasen la vida de toda esa gente en paro, o con hipotecas imposibles, o marginados. Yo lo escuchaba siempre cuando regresaba de sus manifestaciones a veces con algún que otro moratón y me cachondeaba a veces de él, de sus anhelos utópicos, de su lucha sin descanso por algo que me parecía imposible. Nunca me ha interesado demasiado la política, la verdad, ni tengo interés suficiente en ella como para hacer valoraciones demasiado acertadas, pero la cruzada épica de mi amigo Javi, que pronto se convirtiría en uno de mis mejores amigos, me sorprendía y me fascinaba a partes iguales.

El domingo del 15 de mayo Javier me dijo que habían organizado otra de sus manifestaciones. Me dijo que esta vez debía ir, que pensaba que iría más gente de lo normal. Decidí que esta vez le haría caso, sin imaginar que en esa tarde de domingo me toparía de bruces con la Historia. Una vez allí, me sorprendió realmente el número de manifestantes. Esta vez sí que la habéis liado parda, Javi, le dije. Él estaba que no se lo podía creer. Esto es muy grande, Ariel, esto es muy grande, sólo podía decir casi entre lágrimas. Sí, tuve la suerte de estar allí cuando todavía el 15M era simplemente el segundo domingo de Mayo, y vi gente joven con rabia, pero también vi gente mayor, gente que se nos unía, personas indignadas, como yo, que en menos de dos años lo hemos perdido todo, negocios, casa, estabilidad, y todo por culpa de un sistema que no funciona y cuatro mal paridos de Wall Street que siguen con sus bolsillos llenos disfrutando de la vida tan ricamente.

Nunca en la vida me he sentido tan orgullosos de alguien como de Javi en estos días paseando por la puerta del sol. Es verdad. Hay otros como él. Gente preparada, gente cívica y amable que se preocupan por los que tienen alrededor. En Sol se respira un aire de respeto, de cercanía, y los mayores acuden a que se les oiga, y las madres, y los niños juegan en la guardería, y los demás leen en la biblioteca o plantan ese huerto que hay en una fuente inservible en una plaza espantosa en la que, hasta ahora, ni siquiera existía un sitio donde poder sentarse para poder hablar con tu vecino, con tu compañero de barrio o con esos ancianos sin rumbo que pululan perdido por las ciudades sin que nadie les dirija la palabra. En el kilómetro cero no se hablaba. En el epicentro de España solo se levantaba la cabeza para mirar con desconfianza al que te podía robar o sacarle fotos a la gilipollez esa del Tío Pepe, a lo sumo chapurreaban el búlgaro los chaperos con sus clientes, como en aquella magnífica novela de Mendicutti.
Hoy todo es distinto. Cualquiera que pase por allí podrá conversar con la gente, escuchar, ser escuchado, escribir en los carteles o solicitar agua y comida. O ayuda.

Y es que nada cura más que la mirada del otro.

Claro que esto no interesa en absoluto. A los gobiernos les interesan las personas solas, desorganizadas, les interesa fomentar el miedo para que necesitemos de sus policías y de sus servicios. Hasta les interesa el terrorismo, o alimentar la maquinaria absurda de la guerra. Lo menos que interesa a los gobiernos es que comencemos a hablar, que comencemos a comunicarnos, porque entonces quizá apartemos la vista de esa televisión donde nos venden lo que quieren y miremos al que tenemos delante o, peor aun, que logremos por fin (de una vez por todas) mirarnos hacia dentro.

Como reflexión, me gustaría que pensaseis en la cantidad de relaciones, la cantidad de amistades y el remover profundo de las consciencias que en estos momentos están surgiendo en el kilómetro cero de Madrid y que continuarán para siempre.

Esto que está pasando no es nuevo. Esto viene de muy atrás. Para vencer la pereza y la inercia del borreguismo hace falta una fuerza tan brutal y tan devastadora, una evolución de la consciencia tan grande,  que juzgar el movimiento del 15M como algo pasajero es tener una venda muy grande delante de los ojos.

lunes, 16 de mayo de 2011

ME VOY PAL CAMPO (5)

Me gusta es sol. Por eso no me gusta el verano. ¿Y eso, me dirás? Pues eso, que en invierno doblas una esquina y ahí está, de repente, el sol. Te detienes, lo absorbes por cada poro de la piel. Ahí está el sol. En verano, en cambio, todo es sol, que es lo mismo que decir que el sol no existe. Pregúntale a un pez si le gusta el agua y te dirá: ¿el agua? ¿Qué es el agua? Y supongo que hasta que no sale de ella no descubre que el agua está ahí.

He pasado el fin de semana en Madrid. Mi alma se haya ahora dividida entre la ciudad y el mundo real, o sea, lo que no es ciudad. Llego cargado de bolsas, de perras, de mochilas y busco cobijo en casa de mi hermana. Mi sobrino es capaz de estudiar, ver una serie y escuchar música a la vez. Por lo visto son estas nuevas generaciones telescópicas que están a todo al mismo tiempo, porque también se entera de lo que hablamos y hasta podría decir que, en cierta forma, hay una parte de él que permanece en calma observando, como testigo, al más puro estilo zen.

En la Gran Vía han puesto un semáforo en el paso de cebra (al parecer) más grande del mundo que te cuenta los segundos que te faltan para cruzar o esperar. Los juguetes para neuróticos están a la orden del día, y no puedes evitar quedarte con la boca abierta contando como un estúpido los segundos, por lo que ya no hay edificio de la telefónica, ni ligas con los peatones (qué raro queda eso, ligarse a un peatón) ni ná de ná

De todo lo que oigo en la ciudad, el verbo "necesitar" parece ser el top que está en boca de todos. Necesito esto, necesito aquello. Me quedo pensando en que lo que de verdad necesita la gente es necesitar. ¿Por qué será? Como siempre que me quedo pensando algo, no encuentro ninguna respuesta, el mecanismo de la mente da hasta un punto y sanseacabó, a partir de ahí la pescadilla se muerde la cola, y la principal pregunta no es la que te hacías sino: ¿por qué te la estás haciendo?

Hay que ver lo que deslumbra la Gran Vía a cierta hora de la tarde. Es lo único que me lleva a pensar que está mal hecha. Solo ves figuras sin rostro, siluetas frente de ti al caminar en dirección Plaza de España. No debe haber en el mundo lugar que el sol deslumbre más, parece hecho a posta.

Por la tarde acudo a la manifa para protestar contra los putos banqueros y los políticos acompañado de mi querido Miguel Angel Lopez  (con z de Zero). Nos encontramos con Ruth Toledano, con su marido y con Poca, la perrita chiguagua que tiembla, tiembla, y Ruth dice que tiembla por los recortes. La mani la convoca la organización JÓVENES SIN FUTURO, y a nosotros nos da cierto rollo estar allí entre tanto joven, aunque, decimos, nos vemos más como las Viejas sin futuro.
Miguel Angel twitea todo lo que va sucediendo en directo, y yo me pregunto cómo puede estar retransmitiendo con sus twitters algo que no está viviendo por el hecho de estar pendiente del twitter. Ahí queda eso.

La mani acaba tan pacíficamente, pero al parecer luego las cosas se complican bastante y unos gamberros la lían parda en Callao. Alguien que había estado siguiendo los twitters de Miguel Angel y que queda atrapado en la FNAC presa del pánico por culpa de los gamberros, pone a parir a Miguel en su muro del Facebook por apoyar "ese tipo de manifestaciones de hijos de puta".
Y ahí quería yo llegar.

Da la sensación de que el muro del facebook enerva a la gente. Cualquier persona que en un mensaje privado sería razonable y hasta benevolente contigo, por el solo hecho de ser (o creerse) escuchada por muchos en un sitio público como es un muro, tiende a ensalzar su discurso hasta el límite de lo ridículo. Será que en casa nadie les oye, criaturicas.

Y voy más allá. Y voy a generalizar, porque como dice mi amiga Elvira Lindo, si no generalizo no escribo (Elvira no es mi amiga, pero la última vez que me escribió por Facebook firmó como "tu amiga Elvira" y como yo la adoro, pues eso, que pongo lo de amiga). En general, la gente suele ir por la vida con un discurso acotado y patético que reparten a diestro y siniestro. Es, en el mejor de los casos, un discurso aburrido, y en el peor de los casos un discurso (sobre todo ahora que se acercan las elecciones) político. Este discurso (lo que soy, lo que impongo, mi identidad, lo que me define) pude ir cambiando a lo largo de la vida para dar la chapa y joder al personal de todas las maneras imaginables. Es la seña de identidad de muchos, el discurso ensayado en las horas de baja autoestima y los insomnios del no hacerse oír, es algo aprendido y, como todo lo que refuerza al ego, tan volátil y tan difícil de mantener, sólo existe si los demás te lo confirman, o, mucho mejor, si los demás se oponen, que es otra forma de confirmar no tu discurso, sino la semilla de lo que quieres conseguir, o sea, la falsa ilusión de que EXISTES, de que provocas al personal.
Que existes en un mundo donde todo cambia y las formas no permanecen. Que existes no por lo que eres si no lo lo que haces y dices. Que eres tus circunstancias y no la vida que subyace por debajo de ellas, esa vida que permanecerá cuando las circunstancias cambien.
La mayoría de la gente, y de nuevo digo que generalizo, la mayoría de la gente programada por la sociedad, por la política, por la espiritualidad, o sea, por la idea que ellos han construido de ellos mismos, tiene siempre preparado su patético discursito para soltar. Y los muros, esos muros verticales elevados en el centro de la nada, constituyen terreno fértil para dejar constancia de los tremendamente gilipollas que somos. Y todo porque creemos que hay un público detrás al que llegaremos, gracias al cual lograremos EXISTIR.
Da igual si yo cuelgo una foto de Lolita Flores, o si pongo un video de Lady Gaga, el gilipollas de turno le bastarán dos post para darle la vuelta a la tortilla y hablarme de política, o de fútbol, o de Shakira o del conflicto en los países árabes si es que esos temas con los que él ha construido su identidad de andar por casa.





sábado, 7 de mayo de 2011

21 CONSEJOS PARA NO ESTRESARTE



1. Acepta la realidad. No te estreses, ni te desgastes queriendo que las cosas sean diferentes de lo que ya son. Ningún pensamiento puede cambiar lo que ya ha sucedido.

2. Enfócate en tus asuntos. Según Byron Katie, hay 3 tipos de asuntos. Los míos, los tuyos y los de Dios y nos dice “Ocuparme mentalmente de tus asuntos me impide estar presente en los míos. Me separo de mí misma y me pregunto por qué razón mi vida no funciona.” Cuando sientas estrés o soledad, pregúntate ¿en los asuntos de quién estás? Y vuelve a los tuyos.

3. Reinterpreta lo que vives. “Si te afliges por alguna causa externa, no es ella lo que te importuna, sino el juicio que tú haces de ella. Y borrar este juicio, de ti depende.” Marco Aurelio. Por ello busca lo bueno en todo lo que vives. Si tienes que escoger entre una interpretación negativa o una positiva, ¿por qué escoger la negativa?.

4. Suelta las expectativas. Haz lo mejor que puedes y suelta los resultados ya que no están bajo tu control. Cuando no tienes apego al resultado de las situaciones que vives o de las acciones que realizas entonces eres libre.

5. Vive el presente. “Soy yo, no los acontecimientos, los que tienen el poder de hacerme feliz o infeliz hoy. Puedo elegir cuál será. El ayer está muerto, el mañana no ha llegado aún. Tengo solo un día, hoy, y seré feliz en él” (Groucho Marx).

6. Si crees que tienes muchas cosas por hacer, recuerda que en realidad solo puedes hacer una a la vez, así que concéntrate en la tarea que tienes delante y olvídate de la lista. Repetirte mentalmente todo lo que tienes que hacer no te ayudará a avanzar más y te hará sentir agobiado.

7. Disfruta de tu propia compañía. Porque es la única compañía con la que siempre contarás.

8. Deja de buscar la aprobación de los demás. Ya que eso te lleva a vivir en función a las expectativas ajenas, transformándote como un camaleón y aceptando cosas que no deseas, y esto no se siente bien.

9. Deja de querer controlar la vida y el futuro porque no están bajo tu control. Como bien decía John Lenon “La vida es lo que sucede mientras estamos demasiado ocupados haciendo planes”.

10. Confía en la vida y en que lo que sucede siempre es lo mejor para ti. “Todo ocurre para mí en lugar de ocurrirme a ” Byron Katie.

11. Acepta tus emociones, piérdeles el miedo, siéntelas. Es simplemente energía que recorre tu cuerpo. Cuando sientas una emoción, obsérvala ¿donde la sientes? ¿en el estómago, en la garganta, en el pecho? ¿es fría, caliente? ¿es como un nudo, como una contracción? Cuando le prestas atención y dejas de luchar en contra de ellas verás como esa sensación corporal se disipa y te sientes mejor.

12. Haz hoy algo amable por otra persona sin que nadie lo note. Pruébalo y verás que te hace sentir bien.

13. Deja de juzgar y criticar a otros. “Si juzgas a la gente, no tienes tiempo para amarla” Madre Teresa de Calcuta. Y amarla te hará sentir mejor...

14. Perdona, hazlo por ti... “Perdonar es liberar a un prisionero y descubrir que el prisionero eras tú” Lewis B. Smedes.

15. Acepta la muerte como parte de la vida. La muerte es uno de nuestros grandes temores y vivimos con miedo, queriendo controlarla y evitarla a toda costa y esta preocupación nos impide disfrutar la vida que tenemos ahora. “Recibid la muerte con alegría, como una de las cosas que quiere la naturaleza.” Marco Aurelio.

16. Se tú mismo. No te compares con los demás. Ni para sobreestimarte porque te separa de la gente ni para subestimarte porque te harás sentir mal. Ninguna persona tiene más valor que otra.

17. Date las cosas y atenciones que esperas que las otras personas te den a ti. Así, ¡te asegurarás de recibirlas!.

18. Deja de buscar seguridad en lo externo ya que es una fuente segura de estrés. Lo externo cambia constantemente y escapa de nuestro control. Busca tu paz dentro de ti ya que no puedes controlar lo que pasa a tu alrededor pero sí como te sientes al respecto. “La verdadera felicidad es siempre independiente de las condiciones externas.” Epícteto.

19. Suelta los resentimientos. Creemos que los demás se merecen nuestro malestar y enojo pero, ¿cómo te hace sentir a ti estar molesto o resentido? ¿a quién castigas realmente con esto? ¡A ti! Como dice Larry Crane “Es como tomarse un veneno y esperar que la otra persona muera”.

20. Ama sin condiciones, aunque no seas retribuido. Porque el único amor que puedes sentir es el que está dentro de ti no el que sienten los demás... Así que deja de enfocarte en ser querido y enfócate en simplemente querer.

21. Aprecia y agradece lo que tienes ahora en lugar de fijarte en lo que “crees” que te falta. “Un hombre sabio es aquel que no se lamenta por las cosas que no tiene”.






viernes, 6 de mayo de 2011

LADY GAGA ME ABURRES

Lo siento, Gaga, pero me aburres. Sí, ya lo sé, la semana pasada te defendía, pero chica, que le vamos a hacer, esto es así. Juegas con la comercialidad, subes como la espuma, te conviertes en cuatro días en la más famosa del mundo, y con las mismas corres el riesgo de que nosotros, al segundo error, te descartemos y pasemos a la siguiente de la lista del los cuarenta principales.
El video de JUDAS es un asco. No provoca, no resulta, no me creo tus caritas y no te mete con la Iglesia. La canción es una copia mala de tu otra canción BAD ROMANCE, y es muy pronto para que te empieces a autoplagiar, para eso espera por lo menos un añito o dos más y haces como Almodovar, que rueda aquella cosa imposible que se llamaba Los abrazos rotos llena de referencias a sí mismo. ¿De qué iba esa peli? Ya ni me acuerdo, menos mal que la memoria selectiva se va volviendo más selectiva con los años.
Lo siento, Gaga, de verdad, pero no me da tiempo a perdonarte ni un error. A ver, nena, si te hubiese visto subir con mucho esfuerzo, que yo hubiese dicho pobrecica, como Rosa en OT, gala tras gala, sufriendo y pasándolo mal, adelgazando, llorando, pues entonces sería distinto, te perdonaría algún tropiezo (y mira sino Rosa que a pesar de los discos horribles que nos ha hecho la queremos) pero tú, chica, con la pasta que tienes, ese vídeo, ese eyeline, esa imitación de ROMEO + JULIET, vamos, que para nada.

No te olvides, Lady, que estamos en la cultura de la inmediatez. Hay cuatrocientas como tú esperando ocupar nuestras listas. Por si no lo sabes, nosotros nos hemos criado en la cultura de la cocaína. Con eso quiero decir que nos hemos acostumbrado a pasar de un segundo al otro del aburrimiento a la euforia y luego a la apatía. Meterse una raya de coca con alguien es eso, o sea, convertir a un ser anodino que tenemos delante en nuestro mejor amigo y nuestro principal confidente según nos metemos la primera raya, para luego olvidarlo totalmente en cuanto se pasa el efecto. Nos has dado cocaína, Gaga, y como no mantengas la dosis la cosa se cae y corres el peligro de que te veamos como de verdad eres, o mucho peor, como quieres ser y no puedes.

Un amigo mío me dijo por el Facebook que soy bipolar por cambiar de opinión. Bipolar y tripolar y cuatripolar, no te jode Tengo la desgracia de tener cinco o seis personalidades, pero también tengo la suerte de que son todas interesantes.

Convivo con mi principal detractor (yo mismo), con mi principal crítico, con el que siempre se opone a lo que digo. Ay de aquel que no le tiemble un poco la mano cuando firma lo que escribe, dice Elvira Lindo. Mañana diré que la Gaga me encanta y estaré en mi derecho si es que saca algo bueno ¿qué pasa?

Conmigo nunca me aburro. Soy como Telecinco, que se inventan sus opiniones, se inventan sus enemigos íntimos, funcionan en un todo perfecto (los que opinan y los que se les oponen), muchas veces he pensado que muy pronto Telecinco cerrará las puertas de sus estudios y se autoabastecerá sin necesidad de noticias del exterior, que puede ser una cagada pero mira, no deja de ser un ejemplo de sostenibilidad, como la aldea esa que se hizo en Argentina basada en el trueque y que el gobierno se cargó en cuanto vio que puede existir un tipo de economía justa y sostenible.

jueves, 5 de mayo de 2011

UN RELATO DE PRIMAVERA

Hoy quiero dejarte un cuento. Es uno de mis preferidos de mi libro nuevo LAS MALQUERIDAS, que es en realidad el primer libro que publiqué con veinticinco años. Coincide que pronto volverá a editarse, además de su adaptación al teatro que tenemos previsto se estrene después del verano.

El cuento de Adela es uno de mis favoritos. No es demasiado largo, y estoy seguro que te va a emocionar. Leer relatos en el ordenador es difícil, por lo menos para mí que prefiero siempre el papel, así que escoge un momento de tranquilidad del día para leerlo. Si estás en plena euforia primaveral, o en medio del trabajo, abriendo y cerrando ventanas como loco, pendiente del facebook, los niños, el correo, y con la ansiedad de que casi se te ha descargado ya la peli porno, mejor lo dejas para un poco más tarde. Merecerá la pena.
Hoy, por primera vez en el blog, te pediría y me gustaría que escribieras algo, si te apetece, de lo que te ha sugerido este pequeño cuento.



ADELA (fragmento de LAS MALQUERIDAS)

Entonces pudo mirar por primera vez hacia arriba y descubrir la Osa mayor en el cielo, y en ese momento Adela fue consciente de que soñaba, pues en sus sueños las habitaciones nunca tenían techo.
“Estoy otra vez dormida.”, se dijo.
Se levantó de la cama, abrazó la almohada y con ella caminó hasta el cristal empañado de la ventana. Un puñado de gotas de agua que caían con lentitud desdibujaban el paisaje de un puerto en un atardecer detenido y triste. Algunos barcos sobrevolados de gaviotas. Una grúa en la distancia. El sonido agónico de un buque mercantil.
“No sé por qué será que sólo puedo recordar con detalle los paisajes en los que he visto llover.”, pensó.
En la habitación las cosas estaban en su lugar, exactamente como las había dejado la última vez. El sueño ya lo conocía perfectamente, se podría decir que casi no soñaba con otra cosa desde que en la isla había comenzado a soplar aquel maldito viento.
Todo empezaba siempre en esa misma cama. Adela se levantaba, abrazaba la almohada y caminaba hasta detenerse junto a aquella ventana.
En ocasiones era su amante secreto quien añadía ciertos detalles masculinos a la decoración del cuarto. El cenicero con el cigarro de tabaco negro consumiéndose en la mesita, las botas embarradas junto a la puerta. Pero ahora predominaban las cosas de Adela, y eso quería decir que él todavía continuaría despierto y que, de momento, el sueño le pertenecía sólo a ella.
Adela suspiró y se llevó las manos al vientre. Dio dos vueltas por la habitación, nerviosa. Detestaba estos momentos. Detestaba encontrarse sola en aquel sueño.
  Comprobó que la mesita del fondo conservaba la cafetera humeante y el plato con los bizcochos húmedos, y que las cortinas rojas temblaban por culpa de su respiración, vacilando como si estuviesen hechas de la llama de una vela.
Al aproximarse de nuevo a la ventana, un pájaro cansado se posó en el alféizar y comenzó a cantar una misma nota triste y repetida. Adela lo observó con ansiedad. Deseó más que nada en el mundo que las plumas del ave adquiriesen un repentino tono de color violeta, pero eso no sucedió.
“¿Cuándo aparecerás, mi amor…?”
Por un momento tuvo miedo de que aquél fuese el pájaro de su desventura, y que estuviese presagiando que él ya no regresaría jamás.
El ave (¿sería una paloma? ¿una gaviota?) remontó el vuelo y se difuminó en el gris sucio de una nube extraviada. Hasta el último segundo tuvo la esperanza de que sus alas se volviesen de color violáceo, señal inequívoca de que su hombre aparecería de un momento a otro en la habitación.
La mujer se sentó en la cama y se alisó con las manos el vestido rojo de sus sueños, en un gesto de memoria que le venía de otras noches, en un elegante tic que no poseía allá afuera, en el mundo real.
Sintió como su estómago empezaba a quedarse sin peso y se alarmó porque era algo que últimamente ocurría cada vez con más frecuencia. Tuvo miedo de que sus manos se le volvieran de niña chica, como aquella vez, tuvo miedo de volver a sentir un río de ramas secas abriéndose paso desde su corazón hasta el vientre.
Cerró los ojos y de memoria pudo recomponer justo a tiempo la armonía de su cuerpo. Sus caderas anchas. Su pelo lacio, escaso pero suave como una cortinilla de seda. Las piernas fuertes a pesar de que se había pasado la vida sentada junto con las demás costureras en las veredas de Aldealcuervo. Adela volvió a colocar los órganos cada uno en su lugar y respiró aliviada. Todo marchaba bien. No había de qué preocuparse. Cuando él apareciese no la encontraría ridícula e inconcreta, desencajada y sola como un sueño de nadie, como un sueño imposible de amar.


Su amante debía hallarse en una dimensión cercana, componiendo en alguna pradera su eterno ramillete de lirios con el que aparecería de un momento a otro, inundando aquel sueño de tonos morados. Entonces ella lo volvería a ver y otra vez se enamoraría, como aquella primera vez, como cada noche.
Adela se retorció las manos en el regazo. Todo cuanto la rodeaba era de un material tan efímero, tan propenso a desaparecer. Sólo un ruido inoportuno en el mundo real y ella despertaría, perpleja y sería arrancada de esta habitación de hotel perdiendo la oportunidad de volver a ver a su amante hasta quién sabe cuando.
En eso estaba cuando escuchó un crujido a sus espaldas.
Unas manos pesadas se deslizaron por su cintura, deteniéndose a descansar en sus caderas. El colchón acusó el peso del otro, hundiéndose a sus espaldas.
- Hoy te los he traído morados, mi lucero.
Adela se da la vuelta con los ojos brillantes y toma el ramo de lirios.
- Son preciosos. Más que preciosos.
Ambos se abrazan, sin poder contener el entusiasmo, espachurrando, en parte, el ramo de flores.
- ¿Has visto al pájaro? – dice ella con los ojos cerrados.
- No te preocupes por eso. Los pájaros nunca son malos presagios cuando aparecen en los sueños.
- Sí, pero me hubiera gustado que fuese un pájaro violeta. Que lo hubieses enviado tú. Nunca puedo recordar el color violeta, así que cuando lo veo en esta habitación ya sé que estás a punto de caer.
Al besarse por segunda vez ambos recordaron el inmenso amor que los unía desde aquella primera vez que se encontraron en ese mismo hotel, en ese mismo cuarto, algunos años atrás. Desde entonces no habían dejado de amarse, aprovechando los desmayos y las sombras para quererse a tientas, desguazando cada segundo de los sueños para dedicárselo el uno al otro.


Al poco de conocerse fueron conscientes de lo difícil que podía resultar amarse en un ámbito tan sutil y tan frágil como el de los sueños.
Comprendieron que su intimidad privilegiada estaba sujeta a factores imposibles de controlar, que muchas veces debían renunciar al placer del tacto y del sexo, pues al intentar hacer el amor la carne se deshacía en suspiros y los cuerpos se les volvían ramilletes de violetas entre las manos. Verdaderamente, resultaba casi imposible mantener la objetividad de las formas en un medio en el que primaban las sensaciones y los deseos. Las pocas veces que lograban mantenerse enteros no experimentaban en el clímax otra cosa que un orgasmo repetido, recuerdo de un acto sexual que no les pertenecía. Pero eso era lo de menos. Existían mil formas de quererse en aquella habitación, formas que jamás podrían darse en la realidad, y Adela y su amante las conocían todas.
  Después del segundo beso Adela se acercó a la ventana.
El cristal había desaparecido. Ahora se percibía la quietud de fuera. Miró hacia arriba buscando al pájaro.
- Ya sé donde lo vi. Es esa paloma. La encontré el otro día en el estanque del burdel de Fátima, atrapada dentro del hielo.
- No pienses en eso ahora, anda. Si no te centras en esto acabaremos quién sabe donde. Mira la paredes. No dejan de temblar.
Ella cerró los ojos y las paredes volvieron a alzarse, ladrillo por ladrillo, adquiriendo una perfecta consistencia.
- Tienes razón. – Adela volvió a mirar hacia fuera. - Menos mal que en este lugar no sopla ni gota de viento. – dijo.
- Menos mal, sí.
- Allá afuera, en la aldea, una acaba loca perdida. Pero aquí es distinto. Éste es el único sitio donde una puede descansar de la ventisca.
Poco después de que coincidieran por primera vez en aquel hotel, ella se dio cuenta que, al despertar, en el mundo real, debía prestar una atención minuciosa a cada parte de su cuerpo. Debía memorizarlas milímetro a milímetro. Las zonas que menos conocía, como la espalda o la parte interior de los muslos, tendían también a difuminarse, a adoptar formas inconcretas, casi líquidas, cuando las soñaba. Tuvo que aprenderse su físico al dedillo para poder imaginarse entera. Natural. Era lo mínimo que podía hacer por él.
El hombre se acercó y volvió a abrazarla. La sintió temblar entre sus brazos como si fuese la primera hoja del otoño, como si supiera que al caer marcaría el inicio de una estación maldita.
- Niña…
Él sabía del padecimiento de Adela en el mundo de ahí fuera. Conocía perfectamente su dolor. El esposo de Adela había dejado de amarla hacía mucho tiempo, si es que acaso alguna vez la había querido. Marido y mujer compartían un terrible secreto. Él era un poeta de renombre. En cierta ocasión Adela lo había sorprendido desnudo en el granero, retozando con uno de los muchachos que cuidaban el ganado. Él le suplicó que lo perdonase, que le diera otra oportunidad, que cambiaría. Después de meses de calvario, la pareja había llegado finalmente a un acuerdo: seguirían juntos a pesar de todo. Ninguno deseaba el escándalo. Con el tiempo, aprendieron a pastorear desilusiones con una habilidad tan asombrosa que, desde fuera, la gente de Aldealcuervo continuaba viéndolos como una pareja ejemplar.
Claro, que las gentes no podían suponer el sufrimiento de ella, ni su inconfesable escapatoria, aquella infidelidad en el terreno de los sueños que escapaba a toda comprensión.


Adela se separó de la ventana y comenzó a servir café en dos tazas de porcelana.
- ¿Lo quieres con leche?
- Sí. Y no lo cargues mucho, que luego me quita el sueño.
Adela le festejó la gracia, y su risa, suave y cantarina, inundó el cuarto del hotel.
La mujer recordaba perfectamente aquellas dos tazas. Eran de su niñez, la suya y la de su hermana Hermelinda. Tenían un ribete de flores descolorido y el asa demasiado pequeña como para meter el dedo, y había que engancharlas con el meñique.
Intentó adivinar a qué sabría hoy el café. Dio un sorbo, y un gusto pesado y concreto de desayunos de la infancia resbaló por su garganta, reconfortándola y haciéndola sentir por primera vez segura de sí misma.
Sonrió a su amante, más animada.
- Antes me sentí hueca y me asusté.
- No te preocupes, lucero.
- Ya. Pero resulta difícil imaginarse por dentro.
Él se quitó la chaqueta que traía cubierta de polen de otros sueños, la sacudió con fuerza y los colores en la habitación se hicieron todavía más intensos.
- Yo sí que te he visto por dentro. – dijo él.
- ¿En serio? ¿Y cómo soy?
- Eres inmensa. Y estás llena de una sustancia dulce, palpitante, como la pulpa de la naranja. Ni siquiera las margaritas tienen los ojos tan grandes.
Ella volvió a sonreír y se le echó al cuello. Levantó las piernas y allí se quedó, colgando, como cuando tenía siete años y marchaba al olivar con su madre, y jugaba a trepar por los olivos.
- Qué bonito lo que me dices. A veces se me olvida lo artista que eres.
Él le hizo un gesto entre divertido y alarmado, señalando con la cabeza hacia abajo.
- Cuidado Adela, siempre que te pones alegre se te vuelve el cuerpo de niña chica.
La mujer bajó la mirada y se encontró con aquel cuerpecito de la niña flaca que había sido, el de cuando tenía siete años y en Aldealcuervo la llamaban Adelita la Cordera, de tan enmadrada y tan caprichosa como era. Entonces soñaba que algún día volvería a tener a su vera a un hombre fuerte y de manos gigantescas como su padre, que había desaparecido el año anterior después de que se lo tragase una ola.
               Adela se ruborizó y de inmediato regresó a su anatomía adulta.
- Mecachis…
- No te preocupes, mujer. A mí me gustas de todas las maneras.
En ese momento la lamparita del cuarto vaciló y ambos se sintieron aliviados al quedarse a oscuras, al no tener que preocuparse más por la tarea engorrosa de guardar la exactitud de las formas.
Gracias a la escasa luz que penetraba por el ventanuco del cuarto, imaginaron los contornos de las siluetas que tan bien conocían. Eso era suficiente. Adela se arrojó sobre la cama y se emboscó entre las sábanas.
- La primera vez que te vi en este mismo cuarto, no podía creer que fueses tú. – dijo.
- A mi casi se me paran los pulsos.
- Es verdad. Resulta difícil de creer. Estar enamorados en este sueño y estar tan separados el uno del otro en el mundo de fuera.
El hombre, que no era otro que su marido, el poeta de la isla, la atrajo hacia su cuerpo y comenzó a besarla.
- Deja de pensar en eso, mujer. Dijimos que ni una palabra del tema.
Pero Adela no pudo desprenderse esta vez de aquel nefasto pensamiento. Aquella noche se encontraba demasiado sacudida por todo lo sucedido: la paloma atrapada en el hielo, su cuerpo de niña, el recuerdo de aquel marinero fornido que había sido su padre. Recordó, eso sí, el pacto secreto que había establecido con su amante: vivir disimulando allá en la vida real, no darse el uno al otro ningún indicio que los delatase; por nada del mundo hacer mención a ese lugar común que habían encontrado, ese sitio idealizado en el que la pareja finalmente había logrado amarse con una pasión que cumplía las expectativas de ambos.
- Sí. El pacto. – dijo ella. – Es importante no dejarse llevar. Es fundamental no pensar en eso.
Y es que aquel acuerdo tenía una clara finalidad. Adela albergaba el temor de que, con sólo hablar de ello con su esposo, el sueño podría contaminarse inmediatamente de realidad, y entonces correrían el riesgo de perder aquel reducto precioso y sagrado, el escape que todavía los mantenía unidos a pesar de todo.
- Es horrible. – dijo ella. – Siempre me acuesto contenta porque voy a verte, y siempre me despierto llorando a su lado.
Su amante le cerró la boca con un beso.
- Anda, calla de una vez. Nos queda poco tiempo. Hoy tienes el día tonto. Podríamos hablar de otras cosas ¿no?
Pero ella no conseguía quitarse los fantasmas de la cabeza.
   - Lo que me pasa es que ya dudo de todo.
- Pues entonces rompamos el pacto. Hablemos de esto cuando nos despertemos. Plantémosle cara de una vez por todas para ver qué pasa.
Ella lo imaginó en el otro mundo. Sucio, como allí lo veía cada vez que se lo cruzaba. Manchado para siempre de las caricias y de los besos de otro. Un hombre al que, por mucho que lo intentase, nunca conseguiría comprender ni perdonar.
- Ni hablar. – sentenció Adela.
 No. Ni hablar. La sola ocurrencia de que el otro nombrase a éste le quemaba la sangre, aunque en el fondo, de alguna forma retorcida y cruel, supiera que se trataba de la misma persona. Adela estaba casi segura de que aquello hubiese echado por tierra todo. Si tocaba el tema con su marido, entonces, cuando mañana se durmiese, cuando regresase a este hotel, al encontrarse con su amante ya no podría verlo como tal, pues en los ojos del soñado vería irremediablemente el reflejo del soñante.
Adela comenzó a llorar entre el revoltijo de mantas. Él se acercó y le cantó una canción al oído.
- Nana niño nana del caballo grande que no quiso el agua. El agua era negra dentro de la rana…
- … cuando llega al puente se detiene y canta. Quién dirá a mi niño lo que tiene el agua, con su larga cola, por sus verdes alas.
- Duérmete clavel, que el caballo no quiere beber…
- Duérmete rosal, que el caballo se pone a llorar…


Adela y su amante permanecieron unos minutos más abrazados. Puede que transcurriesen segundos, quizá horas. El tiempo de los sueños casi nunca corresponde al tiempo real, y eso a veces jugaba en beneficio de la pareja, y otras veces en su contra.
La mujer alargó la mano y tomó la taza de café a tientas, de memoria en la penumbra.
               - ¿Oyes ese ruido?
             - No es nada. Serán los bueyes pasando por la calle. El ruido se está metiendo dentro del sueño, eso es todo.
             - No lo creo. Es mi marido, que se está revolviendo. Si se despierta te arrancará de mi lado, el muy cabrón.
  - Por eso no te preocupes, sabemos que duerme como un tronco.
     Ambos adivinaron la sonrisa del otro en la penumbra. Luego hubo un largo silencio.
  - Hay algo más que me atormenta. – dijo Adela.
  - ¿Todavía estás con eso?
  - Sí. Es algo que me reconcome por dentro. Aquí y en el mundo de fuera. No te olvides que, por desgracia, yo soy la misma allí que aquí, y tengo todo el tiempo del mundo para barruntar las mismas tres o cuatro cosas que siempre me dan vueltas por la cabeza.
- Háblame, entonces.
La mujer se incorporó en la cama y le tomó las manos.
- Imagina que por fin decidimos romper el pacto y hablarlo.
- Adela…
  - No. Escúchame esta vez. Imagina que ahora decidimos: está bien, podemos quedar a las seis en el mirador del Águila, cuando estemos despiertos, para tener una charla.
- ¿Y?
- ¿No te das cuenta?
- ¿Cuenta de qué, Adela?
- ¿Y si tú no te presentases? Y si yo, de vuelta a casa, te dijese: ¿por qué no has venido al mirador del Águila, como teníamos acordado? ¿Y si entonces tú me mirases de arriba abajo sin entender, sin saber de qué coño estoy hablando? ¿Sabes lo que eso vendría a significar? Pues te lo voy a decir. Eso querría decir que ni siquiera compartimos este sueño. Eso querría decir que soy yo la única que está soñando, la que se imagina todas las cosas.
El hombre se puso en pie y encendió de nuevo la lamparita del cuarto.
- No me mires así, por Dios. – dijo ella, casi gritando. – No me mires como si estuviese loca. Esa es la mirada que temo. El tipo de mirada que vendría a decir: estás como un cencerro, mujer. Igual que piensan las demás costureras, igual que piensan todos en el pueblo desde que dije que en lo alto del cerro vive una virgen a la que Dios abandonó, igual que nos abandonó a nosotras. Ellos no entienden que yo vaya a visitarla, que yo suba hasta la ermita para pedirle que me haga olvidar la imagen de esos dos hombres tumbados en la paja, haciendo cosas horribles que ni siquiera…
- ¡Dios, Adela, para ya! Olvídate de eso, joder. Tienes que perdonar a tu marido…
La mujer tenía los ojos encendidos. Su cuerpo comenzaba a ganar volumen en la habitación, su respiración entrecortada presagiaba el inicio de lo que podía convertirse (como tantas veces sucedía) en una terrible pesadilla.
- ¿Ves lo que pasa? – gritó ella. – Igual que no debemos hablar despiertos, no deberíamos hablar aquí de estas cosas. ¡Este lugar podría emponzoñarse! De pronto casi me cuesta trabajo mirarte a los ojos. Ahora mismo casi te veo como aquel otro, el de fuera, el hombre que me ha echado a perder la vida…
Él dio un salto y le tapó la boca.
- Qué cosas tienes. ¿No me ves? Soy yo. El que se muere de amor por ti.
Ella pareció rendirse.
- ¿En serio? ¿Me… lo prometes?
Él le contestó con un beso apasionado, con el mismo beso apasionado que ella creyó sentir en la primera cita, hacía ya muchos años, aquella tarde lluviosa de marzo en el puerto de Aldealcuervo, sobre la cubierta de un barco de nombre extranjero.
-                  Te lo prometo, Adela. Soy yo. ¿Es que acaso no me ves? Soy el que daría la vida por ti, lucero. Y éste no es un sueño solamente tuyo. ¡Éste es el sueño de los dos!
Adela rompió a llorar. Abrazó a su amante por el cuello y volvió a imaginarlo como su padre, ese padre que le venía faltando desde que el mar se lo tragase cuando ella tenía seis años, el único hombre de verdad que había conocido, ese que tanto añoraba. Por un momento el cuerpo del que tenía entre los brazos fue sustituído por el cuerpo del marinero, más a ninguno de los dos les importó ni hicieron nada por impedirlo.
- Tienes razón… ¡Dios mío! No sé que me ha pasado hoy. Debo estar tonta. Es por culpa de la paloma. Es por culpa del viento. Esta semana no ha dejado de soplar ni un momento.
 Él la besó y habló con los labios pegados a los suyos, las palabras estallándole en la boca.
- No pasa nada, lucero. – dijo esta vez con la voz que Adela recordaba de su padre - ¿Quieres una prueba de que este sueño no es solo tuyo? – el hombre señaló la mesilla con el jarrón. - Aquí la tienes. Tú nunca puedes recordar el color violeta. Sin embargo… ¡mira como fosforecen los lirios, como inundan con su olor crudo toda la habitación!
Ella se desinfló en un suspiro y se rindió entre sus brazos.
- Tienes razón. Qué tonta me pongo a veces.
              - Muy tonta, sí. Y muy guapa, por cierto.
              - Pero te juro que esto no va a volver a pasar.
              - Claro que no…
              - Allá afuera nunca diremos nada. Y en esta habitación queda prohibido nombrar las cosas del mundo. 
               - Trato hecho.
 Adela y su amante volvieron a besarse. Entonces a ella se le empezó a confundir la forma al borde de un aliento, y prosiguió con la voz deformada por los indicios de realidad que deterioraban los acordes frágiles del terreno onírico.
- Nana niño nana del caballo grande que no quiso el agua…
- Duérmete clavel, que el caballo no quiere beber… - prosiguió él, con la voz y el arrullo de su padre, el marinero - Despierta, rosal, que el caballo se pone a llorar…
  Primero a lo lejos, cada vez más cerca, comenzó a escucharse el maldito viento.