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domingo, 12 de diciembre de 2010

LA FOTO DE MARÍA


María es colombiana y trabaja en un restaurante de Chueca. Dice que se ha leído en su vida muy pocos libros, por eso me hace mucha ilusión cuando me cuenta hasta qué punto se le ha enganchado EL MALEFICIO DE LA DUDA.
De todas las cosas chulas que me dicen en estos meses, María me ha dicho hoy la más bonita de todas. Resulta que María se baja siempre en el Metro de Chueca para acudir al trabajo y, ayer, cuando iba pal tajo, se pasó tres estaciones por culpa de estar enfrascada en la lectura.
María es muy original: ella no se conforma con pasarse tres pueblos, además se pasa tres estaciones por acompañar a Bastian en su road movie hacia cierta laguna de Segovia en cuyas profundidades se esconde un gelatinoso y escalofriante secreto. Joder, qué bien me vendo ¿verdad? Si el que lee esto no corre a la librería más cercana a pillar EL MALEFICIO DE LA DUDA que comience a preocuparse: quizá esté más muerto que muchos de los zombies que aparecen en mis relatos favoritos.
Como puede apreciarse, además, el libro de María está seriamente deteriorado. La portada está rota, arrancada en la parte inferior. La historia del por qué resulta, por decirlo de alguna manera, inquietante. Resulta que María se despertó el otro día después de pasarse toda la tarde en una discoteca de Torrejón a la que acuden cientos de colombianos a bailar salsa. Según me cuenta, el antro se llama MI BELLA y tiene mesitas para sentarse, hay que joderse, dice María, que aquí las discotecas vuestras de los españoles tienes que tomarte las copas de pie y en la barra, y yo me digo a mí mismo, joder, pues tiene razón la tía, si en el OHM hubiese mesitas a lo mejor hasta me animaba a ir más, porque yo soy de los que enseguida apalancan el culo donde puede y se queda quieto y saludando a los que pasan en vez de ir como un gilipollas de arriba abajo por toda la sala.
En fin, que María se despierta y de pronto ve que el libro está literalmente destrozado. Y ella, que es supersticiosa, piensa que los espíritus que habitan en el interior de una novela tan terrorífica, pues eso, que han salido pafuera.

Que no, joder. Que os lo habéis creídooo...
Que las pastas del libro las destrozó la "chandosa" de su perrita, que se llama NIÑA y que tiene menos de un año, es decir, que está en plena edad del pavo del los perros.
A mi me encanta verla leer así, con su libraco destrozado, sin vergüenza por el Metro. Este es un libro vivo, un libro con una historia, un libro que habita en una casa donde la gente se va de fiesta a bailar merengue y cuando vuelve la perra se ha cagado y se ha comido el libro preferido de su dueña. Los perros tienen un sexto sentido para eso, para romperte lo que más te puede joder. Y es que debe ser que, sin saberlo, vamos dejando nuestras feromonas por aquí y por allá, impregnando las cosas con las yemas de los dedos, marcando territorio, clasificando lo que nos gusta y lo que aborrecemos.

Gracias María, por haber elegido EL MALEFICIO DE LA DUDA.

Y buena elección, NIÑA perrita, tú si que sabes!
Por mi parte puedes acabar de devorarte el libro.





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