Páginas vistas en total

martes, 23 de noviembre de 2010

UN PROBLEMILLA DE CUERNOS

En la película K-Pax, cuando el médico le pregunta al supuesto extraterrestre Kevin Spacey cómo era posible que su sociedad se organizara sin jerarquías ni leyes, cómo era posible que los habitantes de su mundo supieran cómo actuar sin un código represor, el extraterrestre le responde que uno de los elementos comunes que distinguen a todas y cada una de las criaturas que existen en el universo consiste en la capacidad innata de poder distinguir entre lo que está bien y lo que está mal.
Voy a referirme, una vez más, al tema de las corridas de toros. Y podría hacerlo desde el punto de vista argumental, rebatiendo una por una las absurdas excusas ya sabidas, las excusas que hablan de patrimonio cultural de la fiesta, que ese tipo de ganadería no existiría si no fuese por la fiesta, o la más curiosa de todas: esa que dice que el toro y el torero están en igualdad de condiciones en el ruedo (bueno, esta podría creérmela el día que mueran la misma cantidad de toros que toreros al año).
No. Me cuesta, pero me resisto a entrar en el debate. Voy a morderme la lengua, entre otras cosas porque me resultaría demasiado fácil echar por tierra esa ristra de argumentos.
No detesto las corridas de toros. Es peor que eso. Las detestaría si me parase a analizarlas, a argumentar. Y cuando te pierdes en el bla bla bla al final corres el riesgo de acabar fundando un canal de televisión con tus amiguetes del tipo INTERECONOMIA en el que se dicen muchas cosas estupendas.
Cuando tengo la mala suerte de toparme con una corrida de toros en televisión mi estómago se encoge hasta el tamaño de una nuez, y no es por nada que piense o por ninguna conclusión de mi mente. Delante mío veo a un ser sufriendo, un ser tan digno y tan noble como cualquiera de los demás seres que pueblan este planeta. Ver a otro sufrir es horrible, pero peor aun es verlo agonizar para la diversión de otros. Esos ojos desde las gradas que, por pura costumbre, ya no ven.
Uno de los mayores bienes de la humanidad es la empatía, la capacidad de ponernos en la piel del otro, de no querer para el otro lo que no queremos para nosotros. No voy a entrar en el debate de las corridas de toros sí o las corridas de toros no. Es mucho más sencillo que eso, señores. Ahí hay una criatura sufriendo, babeando desesperada por salir del redondel para regresar a pastar pacíficamente por la pradera a la que está acostumbrada, y que desgraciadamente ya nunca verá.
Tal y como dice el extraterrestre de K-Pax, sé distinguir perfectamente lo que está bien de lo que está mal. No necesito que me lo expliquen. No necesito palabras ni argumentaciones. No se trata de nada que haya que pensar.
Cuando miro a esa criatura noble sufrir, siento tanta pena y tanta lástima que no comprendo cómo las personas desde las gradas pueden haber llegado a un punto de desconexión consigo mismos tan grande como para no darse cuenta de lo que está ocurriendo delante de sus propias narices.



No hay comentarios:

Publicar un comentario