Páginas vistas en total

lunes, 22 de noviembre de 2010

Lo que me gusta / Lo que no me gusta

Vivimos en un mundo en el que parece que siempre estuviésemos obligados a dejar clara nuestra posición ante las cosas. Posicionarnos ante la vida muchas veces resulta ser una tarea impuesta, agotadora y algunas veces desgastante. Y no me refiero a tener una opinión sobre lo que nos rodea, algo claramente necesario, sino más bien a la tendencia a ser extremos con el único fin de reafirmarnos, de sentir que existimos.
Uno de los posicionamientos que más me llaman la atención es la eterna diatriba Me gusta-No me gusta. Menudo coñazo. Hoy en día no vale con que algo te guste, en el discurso de cara a la galería tendemos a exaltar nuestras nuestros objetos de admiración alzándolos hasta el Olimpo de los dioses. Y otro tanto sucede con lo que no nos gusta, con quien nos cae mal, odiamos, aborrecemos o borraríamos del mapa.
Curioso. Parece que cuanto más adoramos algo o, por el contrario, más detestamos, más somos.
Intentar comprender a un suceso o a una persona como parte de un trillón de factores que están asociados, es decir, intentar comprender algo o a alguien como parte de un todo al que todos pertenecemos y no como una entidad aislada a la que amar u odiar por alguna razón nos resulta tremendamente difícil. Mantener la mesura de un término medio, más abierto y comprensivo, callando la cabeza y dejando hablar al corazón, nos cuesta un huevo. ¡Claro! Lo que menos importa es ser objetivo. Si nuestra identidad se basa en dejar clara nuestra posición, cuanto más extrema sea esa posición más nos haremos la efímera ilusión de que tenemos identidad.
Resulta curioso este proceso, porque si nos paramos a pensar, lo que determina Lo que nos gusta - Lo que no nos gusta es en su mayor parte una programación de nuestro Pasado Personal grabada a fuego por nuestros padres, nuestra religión, nuestro gobierno y nuestra tan ensalzada cultura.
La única libertad, la libertad verdadera, sería renunciar a lo que nuestra programación condicionada para poder mirar con los ojos limpios y la mente en calma, para intentar comprender las cosas desde ese estado.
Siendo extremos, odiando, idolatrando, renunciamos a nuestra única fuente de conexión con nuestra propia autenticidad.
Pero eso qué importa, caballero. Lo importante es que usted siga sintiéndose orgulloso de su carácter, de su increíble personalidad.


No hay comentarios:

Publicar un comentario