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jueves, 28 de octubre de 2010

LONDRES



El fin de semana pasado, en la estación de Victoria, en Londres, viajaba yo dentro del tren cuando capté una imagen con el móvil ciertamente conmovedora. Era una pareja que, fundidos en un abrazo, se rendían al calor del único rayo de luz que penetraba en la estación. Ajenos al resto de los transeúntes, inmóviles, reverberaban con luz propia en esta mañana fría y otoñal, con un peso y un significado que los separaba del resto. Parece que la luz viniese, en realidad, de ellos.
Los seres humanos parecemos no tener ningún tipo de defensa a la hora de sucumbir ante imágenes que relatan una historia por sí solas. Quién sabe lo que en realidad les sucedía a esta pareja. Quién sabe si era el amor lo que iluminaba, o una pena honda que los unía, abrazados, o quizá una despedida, o, por qué no, también cabe sopesar la posibilidad única de un simple momento de arrobo robando al sol un poco de calor.




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