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martes, 9 de febrero de 2010

EL EFECTO VICEVERSA

Me despierto de la siesta.
Resaca de palabras y nubes rosas.
La luz de fuera ya es distinta. Febrero y sus promesas.
Una mariposa vuela en mi terraza hasta posarse sobre el cristal de la ventana. Observa ese mundo comestible de plantas moribundas, de tallos que el frío reblandeció hasta amputarlos.
De pronto, me parece observar en la mariposa un imperceptible temblor, un casi batir de alas interrumpido.
Me pregunto ¿funcionará el efecto mariposa de una manera inversa? Es decir, se supone que dicho efecto consiste en que aquí una mariposa bate las alas y del otro lado del mundo se produce un huracán.
¿Podrá aplicarse lo mismo en sentido contrario?

En el otro lado del mundo se produce un huracán y llega hasta aquí convertido en algo tan minúsculo como para conseguir que una mariposa en mi ventana apenas se agite con un imperceptible temblor, un casi batir de alas interrumpido.

Me gusta todavía este efecto. Me parece inclusive más poderoso que el otro. De tan pequeño, de tan párvulo, ha conseguido traspasar mis barreras dejándome casi sin aliento, extasiado frente a la ventana, soñando con nubes rosas y resaca de palabras después de una siesta.

Puede que en el mundo de los sueños, a veces también nos despertemos con terribles resacas de realidad, me digo.





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